Mostrando entradas con la etiqueta Monteagudo del Castillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Monteagudo del Castillo. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de noviembre de 2018

LA GANADERÍA EXTENSIVA, UNA OPORTUNIDAD

Criar rebaños de ovejas, cabras y vacas ha sido, desde hace siglos, la principal actividad productiva de las tierras del Alto Alfambra. Esta práctica debió ser muy temprana, como sugieren los yacimientos arqueológicos celtíberos de la Val de Sollavientos, un enclave de estricta vocación ganadera, estando sujeta con el paso del tiempo a los vaivenes históricos de las diferentes culturas que por aquí pasaron. 

Vacas de carne en La Salobreja (Monteagudo del Castillo)
La trashumancia fue la herramienta para conseguir que la ganadería entrase en la economía de mercado en el sur de Aragón. La expansión de la Corona de Aragón hacia el litoral valenciano posibilitó unos derechos de pasto durante los meses desfavorables, ofreciendo una segunda primavera, cuando la Sierra carecía de herbajes. De ahí, al desarrollo de la manufactura de la lana mediante la producción de paños y a la especialización de la economía en el eje pasto-oveja-lana. Casi todos los aspectos de estas sociedades y de los paisajes serranos se explican a través de la importancia de esta actividad.

Rebaño de ovejas pastando en los alrededores del pueblo (Monteagudo del Castillo)
La ganadería extensiva está en crisis en las Tierras Altas de Teruel. No es algo nuevo, en realidad su declive ya viene desde el siglo XVIII. Pero en la actualidad, la sensación de crisis es mayor por que a los cambios productivos se les suma la antigua extensa roturación de pastos para su uso agrícola (muchos de ellos de escasa aptitud) y, sobre todo, la profunda crisis social del mundo rural, asociada a la emigración, el envejecimiento demográfico y la despoblación.

Majada de El Villar (Jorcas). Obsérvese el desarrollo de las matas de agrillo por la ausencia de ganado desde hace décadas.
Sin embargo, la ganadería extensiva mantiene un gran potencial en el Alto Alfambra. La sociedad sigue cambiando con rapidez y demanda alimentos de calidad, que además hayan sido producidos en territorios que atesoran valores naturales y culturales. 

Es cierto que son múltiples los problemas que atañen a la cría de ganados en los montes con normativas, mercados y sociedades cada vez más alejadas del campo y de sus valores. Pero en muchos lugares surgen iniciativas para recuperar la presencia de las ovejas, las cabras y las vacas en los campos y en los montes. Y en Monteagudo del Castillo, también.

La Asociación Cultural, la Agrupación Amigos del Pairón y el Ayuntamiento de Monteagudo, con el patrocinio de Quesos El Hontanar, la Comarca Comunidad de Teruel y el Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra, han organizado una jornada dedicada a la ganadería y a las posibilidades que tiene en esta localidad (y en las vecinas). 


El Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra es una herramienta de desarrollo a partir de la conservación y valorización del patrimonio cultural que tiene un tema principal, el paisaje rural, y dos ejes, las arboledas de álamos negros trasmochos y la ganadería extensiva. 

Por eso, el próximo día 1 de diciembre, estaremos en Monteagudo del Castillo.

viernes, 21 de septiembre de 2018

CRISTALES EN EL RIBAZO

Bajaba por la pista de las Lomas de Valdespino hacia La Salobreja, en Monteagudo del Castillo. El regular estado de la pista debido a las generosas precipitaciones primaverales obligaba a poner atención en el volante. Pero, por el rabillo del ojo, me fijé en ellas en el talud abierto en una recurva. Ahí estaban las famosas arcillas del Keuper.

Era la ocasión de buscar los cristales de yeso que con frecuencia acompañan a estos sedimentos. En el valle de La Salobreja crece con tanta profusión la hierba que no siempre es fácil encontrar un buen afloramiento de arcillas. Le di un primer vistazo. Ni rastro de yesos.

Sin embargo, entre las arcillas, asomaban unos pequeños cristales de un color rojo sanguíneo. Otros, sin embargo, eran incoloros.


Las lluvias habían lavado las arcillas que los recubrían y quedaban a la vista. Eran pequeños, milimétricos, pero muy numerosos. Eran cristales de Jacinto de Compostela, denominación procedente de la tradición que afirma que eran portados por los peregrinos que seguían la ruta jacobea. También es conocido como cuarzo hematoide, por su color.


Se trata de una variante de cuarzo que suele incluir diminutas partículas de óxido de hierro, lo que les les confiere ese color rojizo característico. Es pues un mineral duro y brillo vítreo. 



Los de aquel ribazo tenían el hábito muy regular. Los que aparecían completos y aislados eran prismas hexagonales bipiramidales. Son de una gran belleza y sencillez.


Me entretuve en agruparlos. Había docenas y docenas en un metro cuadrado. Tanto de los rojos ...


como los incoloros ...


El Jacinto de Compostela es un mineral que aparece entre las arcillas del Keuper (Triásico Superior). Es de naturaleza sedimentaria pues procede de la disolución y de la precipitación del dióxido de silicio en el seno de fangos depositados en ambientes litorales, procesos que acontecen al mismo tiempo.

Pero observando con detalle en algunos terrenos se encontraban otros cristales entre los sedimentos ...


Eran unos cristales más grandes, de varios centímetros. También eran regulares, los más con hábito de romboedro. Tenían el color de la arcillas entre las que aparecían. De hecho no tenían brillo. Entonces pensé que por estar finamente cubiertos por arcilla. En casa ya, tras la limpieza de la superficie de los mismos, vi que no era así. No eran cristales traslúcidos.


Los especialistas me indicaron que podía tratarse de dolomita, un carbonato doble de calcio y magnesio. Este mineral también puede acompañar a los yesos en ambientes evaporíticos. Esto ocurre en el entorno de la ciudad de Teruel, donde hay una variante de dolomita que forma cristales y presenta color negruzco que recibe el nombre de teruelita. No era el caso.

No es muy habitual que el Jacinto de Compostela acompañe a la dolomita. Pero esto sí ocurre en el Keuper de Monteagudo del Castillo. Acercarnos al suelo nos permitirá descubrir otra de las grandes bellezas naturales de estas montañas: los minerales.

lunes, 10 de septiembre de 2018

LA SALOBREJA, UN TROZO DEL GOLFO PÉRSICO EN MONTEAGUDO DEL CASTILLO

En cada pueblo siempre siempre hay algún que otro paraje que llama la atención a los vecinos. Puede deberse a la forma del relieve, al aspecto de las rocas, al uso del espacio o por varias de ellas u otras  causas. En Monteagudo del Castillo, uno de los parajes más queridos por sus gentes es La Salobreja.  


Se trata de un pequeño e irregular valle, casi cerrado entre montañas que se eleva por encima de los 1.400 m de altitud. Recoge unas aguas que, tras salir con dificultad por la Cerrada Estrecha, alimentan al Mijares, ya en el término de Cedrillas.


En La Salobreja llama la atención la extensión de su suave planicie ...


en la que se desarrollan unos preciados prados, antaño muy aprovechados por la ovejas y hoy en día por las vacas ... 


La calidad de los prados tiene una doble explicación que, en realidad, es solamente una: la naturaleza de las rocas que en ella afloran. Se trata de unas arcillas de intenso color entre rojo y morado. 


Estos materiales, al ser de naturaleza impermeable, obligan a aflorar a las aguas subterráneas que se han infiltrado en las rocas calizas de su entorno. Por ello, en este valle alto son numerosos los manantiales. Por otro lado, las arcillas son rocas con una gran capacidad de retención hídrica. 

En rosa, las arcillas del final del Triásico (Keuper), en azul calizas del Jurásico Inferior.
Agua abundante, terreno llano y escasa evaporación son factores que favorecen el desarrollo de la vegetación. Los bosques originales de pino royo y de sabina albar fueron transformados hace siglos en prados. Los prados que vemos hoy y que desde hace tiempo llevan alimentando a grandes rebaños.


Las arcillas que afloran en el fondo del valle de La Salobreja son las mismas que lo hacen en una gran parte de la actual península Ibérica y de Europa. Se depositaron a lo largo de la última fase del Triásico (periodo final de la Edad Secundaria o Mesozoico), hace entre 220 y 210 millones de años.

En esa época no existía ni la península Ibérica ni las actuales cordilleras pero sí el Macizo Ibérico, conjunto de terrenos emergidos formados por rocas magmáticas y metamórficas, como las que pueden encontrarse en la parte occidental de la actual península Ibérica.

En el entorno de este macizo -y de otros similares- las plataformas continentales se vieron sometidas a un lento y prolongado proceso de  hundimiento (subsidencia) que favoreció la formación de cubetas periféricas y someras. Se trató de un periodo árido. Los sedimentos de origen fluvial (lluvias torrenciales) y, sobre todo, los de origen eólico -detritos finos- fueron acumulándose en el entorno de los continentes que, al ir hundiéndose, no llegaban a colmatarse. Este hundimiento, a su vez, favorecía la entrada de agua marina en estas cubetas que, con frecuencia, llegaban a aislarse del mar abierto formando entonces albuferas.


La intensa evaporación favorecía la precipitación de las sales disueltas, especialmente sulfatos y cloruros entre las arcillas. Como en las actuales salinas, pero de forma natural.

Estos materiales reciben el nombre de Keuper, término alemán que alude a los colores abigarrados de las arcillas depositadas al final del Triásico. En la actualidad estos mismos procesos sedimentarios tienen lugar en ciertas costas del Golfo Pérsico, donde reciben el sebkhas.

La presencia de sales entre las arcillas triásicas de La Salobreja explica la salinidad de varios de los manantiales existentes en el valle y el propio nombre de la fuente.

La estabilidad de este sector de la corteza terrestre durante millones de años en el Triásico Superior favoreció el depósito de potentes capas de arcillas en las que se fueron intercalando yesos y otras sales. Durante este periodo se produjo un prolongado flujo de agua del mar a los continentes. Y, tras su evaporación, el almacenamiento de sales marinas entre sedimentos arcillosos.


Tiempo después, ya durante el Jurásico, cambiaron las condiciones ambientales y los mares cubrieron a estos materiales arcillosos (y los que ellos previamente habían sepultado) comenzando el igualmente prolongado depósito de calizas. Son las calizas que asoman en los montes del entorno de La Salobreja: el cerro de los Siete Lugares, San Cristóbal, El Cubico, las Lomas de Valdespino o los Cerros de La Fuente y de la Umbría Negra.

Los yesos y otras sales ofrecían a las arcillas una notable plasticidad. Cuando, concluido el Mesozoico, comenzaron los choques de las placas Africana y las microplacas del sur del  actual continente europeo (orogenia Alpina), los materiales del Keuper funcionaron como una superficie de despegue de los sedimentos que soportaban, favoreciendo el levantamiento y el plegamiento de las calizas y de otros materiales jurásicos y cretácicos para formar las actuales cordilleras perimediterráneas, como nuestra cordillera Ibérica

jueves, 2 de agosto de 2018

IV MONTEAGUDO CULTURAL. 2018

Durante estos días se celebra también las jornadas IV Monteagudo Cultural en la localidad de Monteagudo del Castillo en las que además de talleres, conferencias, concurso de petanca, degustaciones de tapas y un concierto de música folk hay un completísimo programa de nada menos .... ¡seis excursiones

Los amantes de las andadas pueden descubrir nuevos rincones serranos en buena compañía caminando a Cedrillas (nocturna), Iglesuela del Cid, Valdelinares, Ababuj-Aguilar-Jorcas, Gúdar y rematando con la circular de Majada Redonda



¡A disfrutar!

miércoles, 1 de agosto de 2018

CHARLAS SOBRE EL PARQUE CULTURAL DEL CHOPO CABECERO DEL ALTO ALFAMBRA

El Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra es una herramienta puesta en marcha por el Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón a partir de la solicitud realizada por diez municipios de la provincia de Teruel. Persigue la dinamización socioeconómica de este territorio fomentando el desarrollo a través de acciones que permitan generar riqueza, la promoción de su patrimonio cultural y natural y, por último, la coordinación entre las iniciativas diversas instituciones administrativas, tanto sectoriales como territoriales, y la implicación de con la población local para conseguir entre todas ellas un espacio unitario de gestión.


El Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra es una entidad que debe ir de la mano de los vecinos de Ababuj, Aguilar del Alfambra, Allepuz, Camarillas, Cedrillas, El Pobo, Galve, Gúdar, Jorcas y Monteagudo del Castillo. Por ello, y en el marco de las diversas jornadas culturales que se están organizando en las diferentes localidades van a realizarse tres charlas informativas sobre el patrimonio cultural y natural del Alto Alfambra y sobre la figura del parque cultural.


En concreto, tendrán lugar en:

- Monteagudo del Castillo: 5 de agosto (12 horas) y en el Ayuntamiento

- Cedrillas: 8 de agosto (19 horas) en el Ayuntamiento

- Camarillas: 12 de agosto (19 horas) en el local de la A.C. Camerón (C/ Manuel Galindo, 2)

Pero también fuera del ámbito territorial del Alto Alfambra ha generado interés la creación de un parque cultural centrado en la conservación y difusión del chopo cabecero. Por ello, la Asociación Cultural Vaguena ha organizado otra conferencia sobre el tema en:

- Báguena (Jiloca): 1 de agosto (19 horas) en el Pabellón Municipal.

¡Días de contacto personal!

lunes, 25 de junio de 2018

VERDE Y PÚRPURA

Días de junio. 

Primeros calores. Humedad en el suelo. Alarga el día. Casi todas las plantas están en su esplendor, desarrollando su máxima actividad durante los días del apogeo de la luz. Es el caso del pipirigallo. Un cultivo, muy de Teruel.


Podríamos hablar muchas cosas sobre el pipirigallo. 

De su aptitud para los suelos difíciles. De su resistencia a la sequía y a las heladas tardías. De su adaptación a las tierras altas turolenses ("Eres más de Teruel que el pipirigallo"). De su capacidad de fertilizar los campos en nitrógeno y en humus. Del generoso néctar que ofrece a las abejas. De la protección que ejerce en el suelo ante la erosión hídrica. Del hábitat que ofrece a los insectos y a las aves. De su empleo como alternativa en la rotación de cultivos. De la calidad de su forraje para el ganado. De las bacterias nitrificantes que viven en sus raíces. De la singular forma de su fruto. De su renacer como cultivo tras su casi desaparición por los avatares de la PAC. De su siembra por los cazadores. De su valor paisajístico. .E incluso de sus posibilidades como recurso didáctico.

Pero no lo haremos.

Hoy solo queremos invitar a que os acerquéis a un campo de pipirigallo. A cualquiera. Y os proponemos agacharos para disfrutar de cerca de su belleza. De la belleza de su flor amariposada ...

... con sus cinco pétalos rosas surcados por líneas púrpuras. 

De la armoniosa disposición de las flores formando una espiga ...


... que progresan de abajo hacia arriba en su maduración.

Del intenso verde de sus hojas compuestas ...


Del discreto zumbido de las abejas y abejorros ...


... en su laborioso libar de flor en flor. 


Del inagotable canto del macho de la alondra que sobrevuela nuestra cabeza mientras vigila el cercano nido.

En los campos de Galve ...


en los de Allepuz ...


en Camarillas ...


en los de El Pobo ...


de Aguilar ...


de Monteagudo del Castillo ...


o de Ababuj ...


Son días de disfrutar de la belleza de los campos de cultivo ...


Días de junio.

martes, 22 de mayo de 2018

DÍA INTERNACIONAL DE LA DIVERSIDAD BIOLÓGICA

En el año 2000 la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró al 22 de mayo como Día Internacional de la Diversidad Biológica por coincidir esa fecha con la aprobación por 196 países del Convenio de la Diversidad Biológica en la Cumbre de Río. Este convenio fue definido como un instrumento para "la conservación de la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos". Precisamente, tal día como hoy, este convenio fue firmado hace 25 años en la ciudad brasileña de Río de Janeiro. 

La diversidad biológica se refiere a las variedad de formas que pueden presentar los seres vivos, lo que incluye desde la variabilidad genética dentro de las poblaciones hasta la variedad de ecosistemas, pasando, lógicamente, por la variedad en especies. Todas estas formas son necesarias para la existencia de la vida sobre la Tierra. 

El pasado 4 de mayo recorría el valle del río Seco, aguas abajo de La Hoz, en el el término municipal de Ababuj. Un escarabajo recorría inquieto el suelo de un prado fresco cercano al arroyo. No paraba quieto, pero me dio tiempo a fotografiarlo. 


No sabía nada de él. Envié una foto del citado coleóptero al portal Biodiversidad Virtual, siendo identificado por el experto Francisco Ángel Montes como Iberodorcadion terolense. Esta especie pertenece a la familia Cerambycidae (longicornios o cerambícidos) y fue descrito en 1902 por M.M Escalera  como Dorcadion terolense. Dentro del género Dorcadion hay una amplia variedad de formas, por lo que se estableció el subgénero Iberodorcadion que algunos entomólogos dieron posteriormente el rango de género. Aún sigue abierto el debate.

Sea Dorcadion terolense o sea Iberodorcadon terolense, lo que no cabe duda es la filiación territorial a las Tierras Altas de Teruel, pues no en vano fue descrito como tal a partir de ejemplares encontrados en Monteagudo del Castillo, Gúdar, Valdelinares y Escriche. Su área de distribución se extiende desde la sierra de Cucalón hasta la sierra de Gúdar. Es pues un endemismo turolense.

Es propio de los prados y pastizales de las montañas del sur de Aragón. Originalmente estaría vinculado a los pastos abiertos sobre sustratos rocosos. El desarrollo de la ganadería extensiva de ovino por el ser humano en las sierras turolenses durante varios siglos debió favorecer a este coleóptero pues su hábitat propicio (páramos y prados) se extendió a partir de los bosques preexistentes.


Hoy día 22 de mayo, Día Internacional de la Diversidad Biológica, en el Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra queremos recordar tres ideas. La primera es que la biodiversidad es importante para las generaciones actuales y futuras. La segunda es que aquella que es el resultado de un largo proceso evolutivo en el que también ha influido el ser humano. Y, por último, que las Tierras Altas de Teruel albergan a numerosas especies que son tan singulares como poco conocidas. 

domingo, 15 de abril de 2018

EL ALTO ALFAMBRA: UN ABUELO DE 9 MILLONES DE AÑOS

No queremos decir que en alguno de los pueblos del alto Alfambra habite un ser humano de tan provecta edad. Nuestro territorio es saludable, pero la longevidad de sus paisanos no llega a tanto. Hablamos del propio río Alfambra, de su valle y del sistema de drenaje que procedente del macizo de Gúdar se dirige hacia el norte (antes de rodear la Sierra de El Pobo y, en una curiosa pirueta de 180º, coger rumbo sur hacia Teruel). Ese sistema de drenaje existe desde el periodo Mioceno Superior, hace unos 9 millones de años, y se ha mantenido aparentemente sin interrupción hasta la actualidad. Por tanto, puede afirmarse que el actual río Alfambra es muy viejo, más que otros ríos vecinos cuyos valles se configuraron mucho más tarde, al final del Terciario o comienzos del Cuaternario. En el relieve y en los sedimentos que rellenan la Depresión de El Pobo están las claves para reconstruir su historia.

Un poco de geología y geomorfología
La Depresión de El Pobo se sitúa entre el macizo de Gúdar y la Sierra de El Pobo, y forma parte de la cuenca alta del río Alfambra. Ocupa una franja de afloramiento de materiales blandos del tránsito Jurásico-Cretácico, y durante el Mioceno Superior-Plioceno albergó una pequeña cuenca sedimentaria que evolucionó en paralelo con la vecina cuenca de Teruel. La falla de la Sierra de El Pobo es la responsable del hundimiento de esta última con respecto al bloque levantado y basculado en el que se instaló la que llamaremos cuenca de El Pobo. 

La cuenca de El Pobo se rellenó de sedimentos que reposan discordantes sobre el Mesozoico, separados en dos sectores por el alto que forma el núcleo jurásico del anticlinal N-S de Ababuj. Los márgenes occidentales de ambos sectores muestran sin más dicha discordancia sobre el Mesozoico de la Sierra del Pobo (occidental) y del anticlinal de Ababuj (oriental). Los bordes orientales quedan marcados por fallas normales de dirección N-S, paralelas y relacionadas con la falla de la Sierra de El Pobo. 

Mapa geológico de la cuenca alta del río Alfambra
La subcuenca oeste está rellena por depósitos aluviales, con un patrón de drenaje y transporte centrípeto. Adosados a sus márgenes aparecen conglomerados groseros de cantos angulosos y desorganizados, depositados en abanicos aluviales que hacia el centro pasan a arcillas propias de una llanura de inundación. 

Conglomerados groseros y angulosos en el borde de la cuenca mio-pliocena de El Pobo

En la subcuenca oriental predominan conglomerados de cantos redondeados, dispuestos en lentejones con geometría de canales y barras con estratificación cruzada. Todo ello corresponde a un medio fluvial de canales entrelazados. Con frecuencia aparecen cantos imbricados que nos sirven para interpretar que el sentido de aquella corriente fluvial (paleocorriente) era hacia el norte.

Lentejón de conglomerados que representa un antiguo canal fluvial en el sector oriental de la cuenca de El Pobo. El detalle muestra cantos imbricados que señalan una paleocorriente hacia el norte (derecha).
El relieve de la zona conserva varios aplanamientos erosivos antiguos que se encuentran escalonados a diferentes alturas, del mismo modo que lo están las terrazas fluviales en las márgenes de un río. El aplanamiento más elevado es la llamada Superficie de Erosión Intramiocena (SEI), que corona la Sierra de El Pobo a cotas de 1700 a 1760 m. Esta sierra, así como otros relieves menores como el de San Cristóbal, cerca de Monteagudo del Castillo, quedaron como ‘relieves residuales’ cuando se encajó el siguiente nivel erosivo, la Superficie de Erosión Fundamental (SEF). Éste es el más extenso, se sitúa entre 1400 y 1550 m de altitud y bisela claramente los materiales mesozoicos y miocenos plegados o basculados. En realidad, el proceso de encajamiento fue algo más complejo, de manera que hay zonas donde la Superficie de Erosión Fundamental se desdobla en otros dos niveles: uno situado a cotas 20-30 m más altas (desdoble superior de la SEF) y otro encajado entre 10 y 50 m más bajo (desdoble inferior de la SEF). 

Superficie de Erosión Intramiocena (SEI) y Superficie de Erosión Fundamental (SEF) en la Sierra de El Pobo. Se observa cómo la SEF bisela capas inclinadas del Mesozoico y del Terciario

Reconstruimos la evolución del relieve y del drenaje


Las dos superficies de erosión descritas constituyen sendos hitos evolutivos que enmarcan el periodo temporal en que se desarrolló la cuenca sedimentaria de El Pobo. La depresión comenzó a generarse por erosión diferencial de los materiales blandos del tránsito Jurásico-Cretácico tras el desarrollo de la Superficie de Erosión Intramiocena a comienzos del Mioceno Superior. El ‘hueco’ originado por esa erosión y por la actividad de fallas dio lugar a una cuenca sedimentaria dividida en dos subcuencas por el anticlinal de Ababuj. En la subcuenca oriental, alargada en dirección N-S, se instaló un sistema fluvial que drenaba axialmente la cuenca hacia el norte, y que permaneció activo en un periodo acotado entre 9 y 4 millones de años atrás. 

Dicho sistema fluvial se interrumpe, en principio cuando la región es arrasada por la Superficie de Erosión Fundamental. Sin embargo, el proceso de vaciado erosivo a través de los tres estadios que representan la SEF y sus desdobles superior e inferior (hace entre 3,8 y algo menos de 3,5 millones de años), se realiza siguiendo el mismo patrón de drenaje: cada nivel erosivo se encaja en el anterior formando una vaguada que se mantiene siempre abierta hacia el norte. Su eje coincide con el del sistema fluvial mio-plioceno, y también con el posterior valle del alto Alfambra. Esto demuestra la existencia en esta área de un drenaje recurrente dirigido hacia el norte durante todo el Mioceno Superior, Plioceno y Cuaternario, y por tanto la existencia de un ‘ancestro’ del río Alfambra muy anterior a la red fluvial cuaternaria.

Esquema que muestra la coincidencia entre el sistema fluvial del sector oriental de la cuenca mio-pliocena de El Pobo, la vaguada erosiva que dibujan los sucesivos escalones de la Superficie de Erosión Fundamental, y el trazado actual del río Alfambra. Las isohipsas son líneas de igual altitud de la SEF.

En definitiva, la evolución de la depresión de El Pobo y la cuenca alta del río Alfambra comporta distintos procesos de erosión, sedimentación y deformación tectónica, y puede reconstruirse a partir de la observación de elementos singulares del relieve como son las superficies de erosión, de los sedimentos acumulados y de los pliegues y fallas. Los sucesivos esquemas que siguen ilustran esa evolución. 

Esquema de evolución geológica de la depresión de El Pobo y la cuenca alta del Alfambra.

José L. Simón, Guillermo Simón-Porcar y Carlos L. Liesa

Departamento. Ciencias de la Tierra-Grupo Geotransfer-IUCA, Universidad de Zaragoza

miércoles, 11 de abril de 2018

CASETA AMIGA

Tu quebrado techo permite la entrada de un tímido sol, iluminando pared y suelo. 

El doblado dolor de tus vigas, cansadas y derrotadas, anuncia el próximo fin de aquello que fuiste.


¡Formas parte de mí! Me inundan los recuerdos. 

Recuerdos de un niño de tres o cuatro años, jugando con pelotas de gamones cobijado en tu sombra. 

Recuerdo como al reser de tu pared, mi madre hacía fuego y preparaba la comida. ¡Negras estaban tus piedras! 

Contigo estudié pacientemente el transcurrir del tiempo y sus estaciones, el implacable sol en lo alto del medio día, el amainar de las tormentas, la quietud de los vientos. 

Contigo aprendí a soñar, también a amar esta tierra. Desde tu cobijo, como en una ventana al campo, observé el trabajo bien hecho. 

Estás hecha de piedra seca, de troncos de pino, de losas y tierra. 


Me has dado a conocer la insignificancia, y a la vez el gran poder de una piedra, pues la piedra seca significa muchas cosas. 

Significa propiedad, desde la más pequeña hita, al mayor de los cercados de la pared, dibujan los límites de lo particular, con mojoneras se delimitaban los términos de cada pueblo, con mojoneras y paredes se delimitaban las veredas, caminos de intercambio de culturas, el ir y venir de unos pueblos a otros. 

Con pilones de piedra seca, se indicaba a los pastores, que esa finca había sido sembrada, y que debían respetarla. 

Los casetos estrechan el círculo a la protección de lo más íntimo, al yo y mis enseres, al núcleo familiar, al vecino, al caminante necesitado de protección y descanso. 

Los casetos, las paredes, las mojoneras, enriquecen el paisaje de nuestro pueblo, una mirada a éste, nos demuestra el gran esfuerzo de todos aquellos hombres, y mujeres que lo configuraron, una mirada más nostálgica, nos enseña el gran deterioro sufrido, pues antaño había porteras, y se respetaba el paso de ganado, se limpiaban los bardales resaltando más y más esas paredes de piedra seca, dejando en el ribazo la sombra del amigo espino vizcodero.


Caseta amiga, me has hablado del pasado, ahora me toca a mí hablarte del futuro. 

Eliseo Guillén Daudén (Monteagudo del Castillo)

martes, 6 de febrero de 2018

LAS FUENTES Y MANANTIALES DE MONTEAGUDO DEL CASTILLO

El agua es un recurso básico para la actividad de las personas. Por ello, en territorios del ámbito mediterráneo, como es el caso de la cordillera Ibérica, en los que las precipitaciones son escasas o irregulares, la ocupación humana ha estado fuertemente condicionada. 

La presencia de agua en ríos y arroyos, con unos caudales variables, posibilitaba el suministro para cubrir el consumo directo por las personas y para sus ganados, pero también para su empleo en el riego de algunos campos e incluso la instalación de pequeñas industrias, como los molinos. 


Además de en estos ríos, en una serie de enclaves diseminados a lo largo de los montes se producía la surgencia de agua procedente del subsuelo formando manantiales. Estos afloramientos podían aprovecharse conduciendo el agua por gravedad hasta un punto de caída (fuente) que podía venir acompañado de un depósito abierto de almacenamiento (abrevadero). Se posibilitaba así un fácil acceso para personas y ganados.


Durante los últimos siglos, se han sucedido periodos de precipitaciones más copiosas, seguidos de periodos de sequía. Entonces la dependencia de estos puntos de agua se acentuaba. 


Toda una sabiduría popular se desplegó para optimizar el aprovechamiento de cualquier manantial. Este conocimiento popular quedó plasmado, en cada localidad, en un conjunto de fuentes, cada una con su técnica, cada una con su nombre, que se repartían por el respectivo término municipal. Todo un patrimonio cultural.

En las últimas décadas, la emigración hacia la ciudad, la pérdida de las personas mayores y la falta de aprovechamiento y de cuidado de las fuentes amenazan la conservación de este patrimonio. Se pierden los nombres populares, las técnicas de mantenimiento o se deterioran las propias construcciones. 

Hace unos años, José Luis Penalba Guillén y Alejandro Pérez Cueva, dos estudiosos muy vinculados con Monteagudo del Castillo, acometieron el proyecto de estudiar las fuentes y los manantiales de esta localidad. Con tres  propósitos.

En primer lugar, con el de inventariar el conjunto de fuentes evitando que su conocimiento se perdiera con el paso de los años y la muerte de las personas que las cuidaron y aprovecharon. De esta forma, este singular patrimonio quedaba registrado.

En segundo término, con el objetivo de dar una explicación a cada una de las surgencias de agua aplicando la interpretación hidrogeológica para cada uno de los casos. Cada manantial es un problema científico que debe resolverse comprendiendo las propiedades y la disposición de las rocas.

Por último, quisieron poner en valor mediante una doble perspectiva. Describiendo una serie de rutas que unían diversos manantiales para su aprovechamiento por los excursionistas. Y, además, caracterizando las propiedades físicas y químicas de los mismos relacionándolos con su aptitud y cualidad para el consumo humano.

El resultado es este libro. Un libro formidable.


El primer capítulo aborda la caracterización del medio físico del término municipal de Monteagudo del Castillo. El tipo de roca, su disposición y la posible afección por esfuerzos tectónicos determina su permeabilidad y la circulación subterránea, además de las características físico-químicas del agua de los manantiales. 


Las características del clima, sobre todo en lo referente a las precipitaciones, determinan el grado de recarga de los acuíferos y, por tanto, el caudal en los puntos de descarga. Se complementa con la descripción del relieve y de la vegetación, necesarios para tanto comprender el paisaje, el escenario en el que se disponen las fuentes, como para entender los procesos de infiltración hídrica y de descarga.


El cuerpo del trabajo es el capítulo dedicado al catálogo de surgencias. Entre fuentes, manantiales, pozos y caños para drenar campos se han inventariado 128 puntos de agua, incluyéndose tanto los de carácter permanente como los efímeros. Se han establecido diversas clasificaciones según diversos criterios. 

Criterios funcionales, diferenciando las fuentes con lavadero, las que tienen (o tuvieron) balsa, las que cuentan con abrevadero, las que disponen de poceta, los nacimientos simples (o difusos), los pozos aislados, los caños de drenar, los resultantes de minas o los perdidos.

  


Otro criterio agrupa las fuentes en función de la disposición relativa de los estratos que contienen los acuíferos. Aquí se hila muy fino, por que esta es la explicación de por qué cada fuente está donde está. En definitiva, esta es la solución del problema. Para comprenderlo bien hay que conocer los diferentes materiales geológicos que se depositaron durante el Mesozoico (Secundaria) y Cenozoico (Terciario), y la forma en que han quedado deformados y dispuestos tras la orogenia Alpina. A nuestro juicio, es uno de los apartados más jugosos, por cuanto resuelve el enigma del origen de las surgencias. Uno de los grandes misterios en la cultura del medio rural. 


Igualmente, los manantiales se han clasificado según las características físicas y químicas del agua, fundamentalmente la composición en sales minerales, el pH, la conductividad, la temperatura y, también, el caudal. Estas propiedades dependen, en buena medida,  del tipo de roca con el que ha estado en contacto el agua, por lo que, igualmente, se agrupan en familias según la litología del territorio. Al relacionar estas características, con las que establecen la legislación relativa al consumo de agua humano, se establece una selección de las mejores fuentes. Algo muy práctico.

Cada uno de estos nacederos cuenta con una ficha en la que se incluye su acceso y localización, una fotografía aérea con el emplazamiento concreto, las coordenadas, las características físico-químicas, el tipo según su función, los aprovechamientos, el contexto hidrogeológico, magníficamente ilustrado mediante esquemas y varias fotografías. Todo ello en una página. Imposible más información e ilustración en menos espacio.  

Esta publicación incluye ocho rutas que recorren el término municipal de Monteagudo del Castillo que conectan, aprovechando pistas y caminos, un buen número de las fuentes descritas. Incluye, en cada una de ella, además de las necesarias orientaciones para seguir el itinerario, una descripción del relieve, de la vegetación y de las construcciones humanas que ayudan a comprender el paisaje. Es una propuesta de ocio formativo y saludable. Pero también es un recurso turístico para las personas que visitan dicho municipio serrano para disfrutar de sus paisajes y de su cultura. 


Todo ello, queda complementado, con una cartografía general en la que se ubica cada una de las fuentes y una cartografía geológica, para comprender el contexto hidrogeológico en su conjunto.

El término de Monteagudo del Castillo no es muy extenso. Las precipitaciones tampoco son demasiado copiosas, para su notable altitud. Sin embargo, alberga una gran riqueza de manantiales y fuentes. La explicación es geológica. La alternancia de estratos de rocas sedimentarias de diferente permeabilidad, su disposición a resultas de los esfuerzos tectónicos y el relieve montañoso, crean condiciones propicias para la formación de muchos pequeños acuíferos que descargan diseminados entre los montes y campos.


Un libro como éste es todo un lujo para el pueblo que lo tiene. Monteagudo del Castillo es afortunado. Contar con dos investigadores que apliquen su conocimiento y su tiempo para divulgar este patrimonio no es nada habitual. También para el Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra es un importantísimo recurso, pues integra perfectamente la naturaleza y la cultura.