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domingo, 15 de abril de 2018

EL ALTO ALFAMBRA: UN ABUELO DE 9 MILLONES DE AÑOS

No queremos decir que en alguno de los pueblos del alto Alfambra habite un ser humano de tan provecta edad. Nuestro territorio es saludable, pero la longevidad de sus paisanos no llega a tanto. Hablamos del propio río Alfambra, de su valle y del sistema de drenaje que procedente del macizo de Gúdar se dirige hacia el norte (antes de rodear la Sierra de El Pobo y, en una curiosa pirueta de 180º, coger rumbo sur hacia Teruel). Ese sistema de drenaje existe desde el periodo Mioceno Superior, hace unos 9 millones de años, y se ha mantenido aparentemente sin interrupción hasta la actualidad. Por tanto, puede afirmarse que el actual río Alfambra es muy viejo, más que otros ríos vecinos cuyos valles se configuraron mucho más tarde, al final del Terciario o comienzos del Cuaternario. En el relieve y en los sedimentos que rellenan la Depresión de El Pobo están las claves para reconstruir su historia.

Un poco de geología y geomorfología
La Depresión de El Pobo se sitúa entre el macizo de Gúdar y la Sierra de El Pobo, y forma parte de la cuenca alta del río Alfambra. Ocupa una franja de afloramiento de materiales blandos del tránsito Jurásico-Cretácico, y durante el Mioceno Superior-Plioceno albergó una pequeña cuenca sedimentaria que evolucionó en paralelo con la vecina cuenca de Teruel. La falla de la Sierra de El Pobo es la responsable del hundimiento de esta última con respecto al bloque levantado y basculado en el que se instaló la que llamaremos cuenca de El Pobo. 

La cuenca de El Pobo se rellenó de sedimentos que reposan discordantes sobre el Mesozoico, separados en dos sectores por el alto que forma el núcleo jurásico del anticlinal N-S de Ababuj. Los márgenes occidentales de ambos sectores muestran sin más dicha discordancia sobre el Mesozoico de la Sierra del Pobo (occidental) y del anticlinal de Ababuj (oriental). Los bordes orientales quedan marcados por fallas normales de dirección N-S, paralelas y relacionadas con la falla de la Sierra de El Pobo. 

Mapa geológico de la cuenca alta del río Alfambra
La subcuenca oeste está rellena por depósitos aluviales, con un patrón de drenaje y transporte centrípeto. Adosados a sus márgenes aparecen conglomerados groseros de cantos angulosos y desorganizados, depositados en abanicos aluviales que hacia el centro pasan a arcillas propias de una llanura de inundación. 

Conglomerados groseros y angulosos en el borde de la cuenca mio-pliocena de El Pobo

En la subcuenca oriental predominan conglomerados de cantos redondeados, dispuestos en lentejones con geometría de canales y barras con estratificación cruzada. Todo ello corresponde a un medio fluvial de canales entrelazados. Con frecuencia aparecen cantos imbricados que nos sirven para interpretar que el sentido de aquella corriente fluvial (paleocorriente) era hacia el norte.

Lentejón de conglomerados que representa un antiguo canal fluvial en el sector oriental de la cuenca de El Pobo. El detalle muestra cantos imbricados que señalan una paleocorriente hacia el norte (derecha).
El relieve de la zona conserva varios aplanamientos erosivos antiguos que se encuentran escalonados a diferentes alturas, del mismo modo que lo están las terrazas fluviales en las márgenes de un río. El aplanamiento más elevado es la llamada Superficie de Erosión Intramiocena (SEI), que corona la Sierra de El Pobo a cotas de 1700 a 1760 m. Esta sierra, así como otros relieves menores como el de San Cristóbal, cerca de Monteagudo del Castillo, quedaron como ‘relieves residuales’ cuando se encajó el siguiente nivel erosivo, la Superficie de Erosión Fundamental (SEF). Éste es el más extenso, se sitúa entre 1400 y 1550 m de altitud y bisela claramente los materiales mesozoicos y miocenos plegados o basculados. En realidad, el proceso de encajamiento fue algo más complejo, de manera que hay zonas donde la Superficie de Erosión Fundamental se desdobla en otros dos niveles: uno situado a cotas 20-30 m más altas (desdoble superior de la SEF) y otro encajado entre 10 y 50 m más bajo (desdoble inferior de la SEF). 

Superficie de Erosión Intramiocena (SEI) y Superficie de Erosión Fundamental (SEF) en la Sierra de El Pobo. Se observa cómo la SEF bisela capas inclinadas del Mesozoico y del Terciario

Reconstruimos la evolución del relieve y del drenaje


Las dos superficies de erosión descritas constituyen sendos hitos evolutivos que enmarcan el periodo temporal en que se desarrolló la cuenca sedimentaria de El Pobo. La depresión comenzó a generarse por erosión diferencial de los materiales blandos del tránsito Jurásico-Cretácico tras el desarrollo de la Superficie de Erosión Intramiocena a comienzos del Mioceno Superior. El ‘hueco’ originado por esa erosión y por la actividad de fallas dio lugar a una cuenca sedimentaria dividida en dos subcuencas por el anticlinal de Ababuj. En la subcuenca oriental, alargada en dirección N-S, se instaló un sistema fluvial que drenaba axialmente la cuenca hacia el norte, y que permaneció activo en un periodo acotado entre 9 y 4 millones de años atrás. 

Dicho sistema fluvial se interrumpe, en principio cuando la región es arrasada por la Superficie de Erosión Fundamental. Sin embargo, el proceso de vaciado erosivo a través de los tres estadios que representan la SEF y sus desdobles superior e inferior (hace entre 3,8 y algo menos de 3,5 millones de años), se realiza siguiendo el mismo patrón de drenaje: cada nivel erosivo se encaja en el anterior formando una vaguada que se mantiene siempre abierta hacia el norte. Su eje coincide con el del sistema fluvial mio-plioceno, y también con el posterior valle del alto Alfambra. Esto demuestra la existencia en esta área de un drenaje recurrente dirigido hacia el norte durante todo el Mioceno Superior, Plioceno y Cuaternario, y por tanto la existencia de un ‘ancestro’ del río Alfambra muy anterior a la red fluvial cuaternaria.

Esquema que muestra la coincidencia entre el sistema fluvial del sector oriental de la cuenca mio-pliocena de El Pobo, la vaguada erosiva que dibujan los sucesivos escalones de la Superficie de Erosión Fundamental, y el trazado actual del río Alfambra. Las isohipsas son líneas de igual altitud de la SEF.

En definitiva, la evolución de la depresión de El Pobo y la cuenca alta del río Alfambra comporta distintos procesos de erosión, sedimentación y deformación tectónica, y puede reconstruirse a partir de la observación de elementos singulares del relieve como son las superficies de erosión, de los sedimentos acumulados y de los pliegues y fallas. Los sucesivos esquemas que siguen ilustran esa evolución. 

Esquema de evolución geológica de la depresión de El Pobo y la cuenca alta del Alfambra.

José L. Simón, Guillermo Simón-Porcar y Carlos L. Liesa

Departamento. Ciencias de la Tierra-Grupo Geotransfer-IUCA, Universidad de Zaragoza

sábado, 24 de febrero de 2018

VELETAS EN EL LLANO

La sierra de El Pobo desciende hacia el valle del Mijares en el término de Cedrillas. Al pie del monte Castelfrío se extienden las lomas de El Llano y El Frontón. Páramos colgados sobre el barranco de Quiebracántaros. 

Las pasadas semanas un par de nevadas cayeron sobre la sierra. En estos altos el viento es habitual de forma que es común que la nevada coincida con una ventisca. Los copos de nieve caen al suelo casi horizontalmente y se agregan por ser esta bastante adherente. La capa va cubriendo el suelo y comienza a crecer en espesor hasta que al cabo de unas horas cesa la precipitación, pues hace años que no se conocen nevadas de varios días de duración.


Cuando cesa de nevar se ponen en marcha dos procesos. 

En contacto con el suelo, se produce la fusión de la nieve a un ritmo que depende de la temperatura del aire. En los altos de la sierra de El Pobo, esta suele ser inferior a cero la mayor parte del día, por lo que habitualmente la fusión es muy lenta. 

En la parte superior de la capa de nieve pueden ocurrir dos cosas. Si la fusión es rápida, el agua obtenida desciende por gravedad y se infiltra en el suelo favoreciendo que se regale el resto de la nieve desapareciendo la capa. 

Pero esto no es lo habitual. Lo más común es que tras el paso de la borrasca se instale el anticiclón y desciendan las temperaturas. Y, en estos altos, que siga el viento. Entonces la nieve seca empieza a ser barrida y desplazada hacia las zonas bajas formando ventisqueros en los declives del entorno. A veces, en las trincheras abiertas al ampliar las carreteras.


Este proceso moviliza localmente los recursos hídricos desde los altos a las zonas bajas antes incluso de la fusión de la nieve.

Conforme pasan los días, por una u otra causa la capa de nieve va desapareciendo. Salvo donde el viento encuentra resistencia. Esto ocurre en los abundantes arbustos (enebros y sabinas rastreras) y escasos pinos que salpican el páramo.


Las chaparras, que es como en la zona se conocen a las sabinas rastreras, atrapan la nieve entre sus ramas pero no son capaces de frenar el viento por casi no levantarse del suelo  

Los enebros, sin embargo, adquieren formas voluminosas, casi hemiesféricas (Juniperus communis ssp. hemisphaerica). Esta estructura, la densidad de su ramaje y de su follaje, frena el viento cuando atraviesa a este arbusto y disminuye el barrido de la nieve a sotavento.


Días después de caer la nevada, la partida de El Llano de Cedrillas es una colección de "veletas". 


Estos estrechos y agudos ventisqueros, cincelados por el viento frío, indican la dirección de las masas de aire durante estos días. El cierzo dominante. Ese viento que cruza desde el Atlántico al Mediterráneo llegando ya con escasa humedad al confín de la cordillera Ibérica. Estas singulares "veletas" apuntan hacia el sudeste, la dirección más corta al cercano mar. 


Este desigual depósito de la nieve en torno a cada enebro propiciará, seguramente, un desigual desarrollo del sistema de raíces, extendiéndose a sotavento. Son adaptaciones de las plantas que les permiten crecer en un medio difícil.

El Llano y La Casilla de Cedrillas, los páramos de la sierra de el Pobo, son paisajes de origen ganaderos con una larga historia de aprovechamiento en la que solo plantas muy bien adaptadas consiguen sobrevivir a la presión ambiental. Estos enebros, que prosperaron en la península Ibérica durante las glaciaciones del Cuaternario, encontraron en estas frías y secas sierras, un refugio.

Son paisajes de una gran singularidad y belleza pero también un laboratorio para interpretar los cambios climáticos, ecológicos e históricos.

domingo, 14 de enero de 2018

OROMEDITERRÁNEO

Según el área de distribución actual de los seres vivos, los geógrafos dividen la superficie terrestre en seis territorios. Estos territorios naturales reciben el nombre de reinos. La mayor parte de Norteamérica, de Asia, la totalidad de Europa y una pequeña parte norte de África forman parte del reino Holártico.

Cada reino, a su vez, se subdivide en otras unidades biogeográficas menores conocidas como regiones. En el reino Holártico hay once regiones. La península Ibérica se encuentra entre dos regiones. La parte norte, que se extiende por Galicia, la cordillera Cantábrica y el Pirineo, pertenece a la región Eurosiberiana (o Medioeuropea). El resto de la península Ibérica lo hace a la región Mediterránea, como buena parte de la península Itálica, Balcánica, el oeste de la de Anatolia y el norte del Magreb. El Alto Alfambra se sitúa, pues, inmerso en la región Mediterránea.

Si se relaciona la distribución geográfica de los seres vivos con la climatología (temperatura y precipitación) de cada territorio se obtienen unos índices bioclimáticos. Estos índices permiten establecer unos grupos de intervalos que se pueden hacer coincidir con los pisos de vegetación observados en cualquier lugar de la Tierra al ascender en altitud o en latitud.

Para la región Mediterránea, el profesor Rivas-Martínez estableció cinco pisos de vegetación. Desde el nivel del mar hasta las altas cimas, en la península Ibérica se pasa por los pisos, inframediterráneo, termomediterráneo, mesomeditarráneo, supramediterráneo, oromediterráneo y crioromediterráneo.

Estos pisos de vegetación se establecen por un índice de termicidad pero, en líneas generales, la temperatura media anual es el factor determinante. Así, el piso oromediterráneo corresponde con aquellas zonas que presentan temperaturas medias anuales comprendidas entre los 8 ºC y los 4 Cº mientras que el supramediterráneo serán aquellas en las que estas se encuentran entre los 12 ºC y los 8 ºC.

Pisos bioclimáticos. Fuente: Especies forestales
Los sector central y norte del alto Alto Alfambra, es decir, los términos de Galve, Camarillas, Aguilar del Alfambra, Jorcas y las partes de menor altitud de Ababuj, El Pobo, Monteagudo del Castillo y Cedrillas, se encuentran en el piso supramediterráneo. Sin embargo, las zonas más altas, aquellas inmersas en las sierras de Gúdar y de El Pobo, incluyendo el valle del Sollavientos, lo están en el piso oromediterráneo. El límite de altitud, en esta parte de la cordillera Ibérica suele encontrarse entre los 1.500 y los 1.600 m.

Estos aspectos térmicos hay que complementarlos con los datos de precipitación. Así, en la península Ibérica se establecen seis tipos de ombroclimas: árido, semiárido, seco, subhúmedo, húmedo e hiperhúmedo.

A las plantas, al estar en permanente contacto a través de sus raíces, también les influyen las características químicas del suelo. Este, a su vez, está muy influenciado por el tipo de roca. En líneas generales, tienden a establecerse dos tipos de sustratos principales: los básicos (generalmente carbonatados, con pH superior a 7) y los ácidos (generalmente silíceos). En el Alto Alfambra, predominan los sustratos básicos, aunque en algunas zonas concretas afloran rocas silíceas.

Imagen ampliada del valle del Alfambra obtenida del Mapa de Series de Vegetación de España (1:400.000). En trama de color rosa rayado (14a) los sectores del piso oromediterráneo
Hace una semana recorríamos las Lomas de Valdespino, en el término municipal de Monteagudo del Castillo. En la Majada Redonda, donde afloran las rocas carbonatadas y la altitud alcanza los 1.600 metros, se mostraba en su esplendor la serie de los pinares, enebrales y sabinares basófilos. Ahí estaba la tríada oromeditarránea propia de las montañas calizas. 


El pino royo (Pinus sylvestris), la chaparra (Juniperus sabina) y el enebro común (Juniperus communis). Es la alta montaña mediterránea que también asoma en el Alto Alfambra.

domingo, 24 de diciembre de 2017

UNA POSTAL DESDE LA VEGA DE CEDRILLAS

Volvía de realizar el sendero que une Cedrillas con el nacimiento del río Mijares. La mañana había mejorado después de una noche heladora luciendo el sol sobre un cielo de intenso color azul.

Poco antes de incorporarme a la carretera puse mi atención en un detalle del paisaje.


Un árbol solitario emergía sobre un campo. Era un peral. Un peral viejo. Para lo avanzado del otoño aún mantenía buena parte de las hojas que, por otra, parte no habían virado al rojo. Cosas de este otoño anómalo, demasiado seco y templado para lo que es habitual en esta parte de la cordillera Ibérica. Posiblemente sea un superviviente de los frutales que se plantaban antaño para abastecer las despensas de las masadas, por entonces llenas de gente. El árbol es un testimonio, otro más, de otro tiempo, de otra forma de vida, de otro modelo agrícola. Desconozco la variedad del peral. Estos frutales tradicionales, bien adaptados al terreno, van desapareciendo con lo que supone de pérdida para la biodiversidad agrícola y de erosión genética.

El peral crecía en lo que hoy es un campo de secano. Es muy probable que antes también lo fuera. El freático es somero, por la cercanía del río Mijares y por tratarse de suelos profundos. Era un rastrojo de cereal, aún por levantar.  

Inmediato, tras el campo, asoma el monte. Un monte sin cubierta arbolada, que permite diferenciar las rocas que lo constituyen. Destaca el relieve en cuesta. La acción erosiva de las aguas superficiales sobre las rocas ha creado un resalte que emerge con fuerza en el paisaje.

En esta ladera del Alto Mijares afloran arcillas, areniscas y calizas que fueron depositados en mares someros durante el final del Jurásico (Malm) en una zona cercana a la costa de una plataforma continental del mar de Tethys. Los avances y retrocesos de la línea de costa, debidos a las transgresiones o a las regresiones marinas, quedaron fielmente reflejadas en los sedimentos. Las arcillas (de colores grises y verdosos) y las areniscas son aportes de origen continental que se asocian a la retirada de la línea de costa (regresión) mientras que las calizas se depositaron por la precipitación del carbonato de calcio disuelto en el agua de mar cuando este avanzó tierra adentro (transgresión).

Estos estratos, y los que los sepultaron durante el Cretácico, fueron levantados y plegados durante la orogenia Alpina. Y, con posterioridad, unos y otros fueron arrasados dejando por la acción de los agentes erosivos dejando a la intemperie, precisamente, estos materailes jurásicos. Pero, no todos tienen diferente competencia ante la erosión. Las calizas son más resistentes que las arcillas y las arenas. 

La alternancia de rocas de diferente resistencia y la disposición en estratos inclinados posibilita la formación de unas facetas angulosas, de aspecto triangular, formadas por resaltes calizos. 


Los geólogos les llaman chevrons. Unos muy conocidos en el sur de Aragón y que además están declarados Lugar de Interés Geológico son la "Rochas de Fonfría" en el Alto Huerva (comarca del Jiloca).
Sierra de Oriche. A la izquierda la ermita de la Virgen de la Silla. Foto: DescubreJiloca

Subirse a uno de estos resaltes calizos evidencia la continuidad de los estratos, incluso cuando estos están buzados y parcialmente erosionados.

La vegetación, lenta pero implacablemente, coloniza estos sustratos. Tras remitir la presión ganadera durante las dos últimas décadas, el lastón y el tomillo prosperay en las grietas de la caliza. Y, todavía mejor, sobre las arcillas y las arenas que las tapizan o entre las que se intercalan. Estas plantas, y otras acompañantes, constituyen una formación vegetal abierta y de escasa altura, bien adaptada a la sobreiluminación, a los suelos con escasa capacidad de retención y a la ausencia de materia orgánica. Con sus raíces bien trabadas retienen la tierra, con el aporte regular de sus restos (hojas y raicillas muertas) enriquecen en materia orgánica el suelo. Es la piel del monte. Bueno, la primera capa en la cicatrización de la herida que supone la exposición de la roca madre. Esa gran herida que supone la desaparición del suelo tras la desaparición del bosque. Esta primera "capa celular" creará condiciones que permitirán la entrada de otras plantas de mayor biomasa y talla, como la aliaga (Genista scorpius), la galabarda (Rosa canina), el enebro (Juniperus communis) o el billomo (Amelanchier ovalis), que constituirán la siguiente capa de este "tegumento" en reconstrucción a lo largo de las próximas dos o tres décadas. Siempre que no se produzcan nuevas perturbaciones, en forma de fuego o de erosión intensa por lluvias torrenciales. Es todo un equilibrio inestable.

Lastón (Brachypodium retusum), una hierba propia de terrenos secos, iluminados y expuestos a la erosión.
Desde lo alto de estos cerros se podía contemplar la vega de Cedrillas. En esta depresión se han acumulado durante el Cuaternario sedimentos detríticos aportados por el río Mijares desde la cabecera del valle (aluviones) o por las aguas de arroyada en su descenso desde los montes cercanos (coluviones). Estos depósitos quedaron retenidos en una depresión encajada entre los montes cercanos. La transformación del entorno por el ser humano ya en tiempos históricos posibilitó aprovechar la fertilidad de estos sedimentos y la proximidad del acuífero mediante su puesta en cultivo, siendo desde entonces algunas de las mejores tierras agrícolas de esta localidad.


No encontramos acequia alguna en esta vega. Es más, el único curso de agua distinto al río Mijares es una larga zanja que surge en medio de la vega y cuyas márgenes están pobladas por sargas (Salix viminalis). Esto nos hace pensar que tal vez se trate de un drenaje de la vega que permita desaguar hacia el río el agua que empapa las tierras agrícolas durante periodos húmedos en los que el freático puede llegar a aflorar.


Un paso atrás nos permite ampliar la perspectiva e incluir otro elemento de este paisaje agrícola y ganadero. Los lindes arbustivos de los campos. Los ribazos con matas espinosas. 


Estos setos, en este caso formados por endrinos (Prunus spinosa), son ambientes apropiados para las plantas que no soportan la iluminación directa y para los animales propios de la orla del bosque. Enriquecen ecológicamente estos ambientes agrarios y ofrecen, a quien lo desee, la oportunidad de recoger sus frutos para su maceración con anís y prepararse unas botellas de licor de endrinas. Vamos de lo que los navarros llaman pacharán. Siempre que no se descuide uno, pues los mirlos, tordos y otros pájaros dan buena cuenta de estos frutos desde primeros de octubre.


Y, es que, cualquier paisaje encierra historia de procesos naturales y del manejo humano. La postal de la vega de Cedrillas, también.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

EL RÍO SECO BAJO LA NIEBLA, UN LARGO ESTUARIO DE MAR ADENTRO

Un estuario es la desembocadura de un río amplio y profundo en un océano sometido a corrientes marinas que retiran los sedimentos aportados por aquel. En su seno se produce la mezcla de las aguas fluviales y marinas creando ambientes de salinidad intermedia. Al estar afectados por las mareas, en condiciones de bajamar quedan al descubierto marismas, unos ecosistemas muy productivos.

El río Seco tiene un valle de una notable amplitud (hasta 9 km). Su profundidad no supera los 450 m. en relación con los relieves de la sierra del Pobo. Estando tierra adentro y no desembocando en ningún océano, sino en el río Alfambra, ¿por qué hablar de un estuario?

Esa fue la impresión que nos dio la mañana del pasado 8 de octubre circulando por la carretera, entre Allepuz y Monteagudo del  Castillo, al pasar bajo el cerro de San Cristóbal. Un densa niebla se extendía por el fondo del valle del río Seco. Desde lejos recordaba esos largos estuarios que caracterizan las costas occidentales de Escocia o de Irlanda.


Un estuario que inundaba el pueblo de El Pobo y que se internaba hasta la cabecera del valle, más allá del núcleo urbano de Monteagudo del Castillo, erguido sobre el cerro a modo de promontorio.


No era un estuario. Era una niebla de valle. Una niebla de irradiación formada por el brusco enfriamiento de aquella calmada noche que provocó el descenso del aire frío desde las cercanas sierras de Gúdar y del Pobo hacia el fondo del valle del río Seco. Una niebla que se disipó con los primeros rayos de sol. 

Una niebla que, una vez más, nos hizo soñar con el mar. Tan cercano.

sábado, 23 de septiembre de 2017

PRESENTACIÓN: UN POCO DE GEOGRAFÍA ... Y ALGO DE SOCIOLOGÍA

El río Alfambra nace a 1.800 m. al pie del pico Peñarroya (2.028 m.), en la vertiente norte de la sierra de Gúdar, y desemboca en el río Guadalaviar, junto a la ciudad de Teruel, formando entre ambos el río Turia. Drena en total, un territorio de 1.425,39 km cuadrados de superficie, casi una décima parte de la provincia de Teruel.


La cuenca del río Alfambra está delimitada en su parte sur por la sierra de Gúdar, por el este por la sierra de Sollavientos y por una serie de lomas que conectan, por el norte, con la sierra de La Costera, la cual continúa hacia la de Lidón, mientras que por el oeste queda cerrado por la sierra Palomera. La cuenca hidrográfica del Alfambra está atravesada de norte a sur por la sierra del Pobo, accidente geográfico que determina su dirección.



En sus primeros pasos, este río mantiene un recorrido SSE-NNO, hasta que entre Aguilar del Alfambra y Perales del Alfambra, sorteando la sierra del Pobo, gira trazando un amplio arco y se dirige hacia SSO, dirección que mantiene hasta su desembocadura. Tiene una longitud de 102 km. Sus afluentes vierten desde las sierras periféricas y de las dos vertientes de la propia sierra del Pobo. En la cabecera destacan el río Sollavientos y el río Seco, y en el tramo medio, el río Penilla y la rambla de La Hoz. 


La cuenca del Alfambra es una unidad geográfica sin embargo, considerando aspectos socioeconómicos y socioculturales, puede diferenciarse netamente en dos comunidades humanas que se asientan en dos subunidades territoriales. La mitad oriental, el Alto Alfambra, con gran relación con el Maestrazgo y las sierras de Gúdar y Javalambre. Y la mitad occidental, el Bajo Alfambra, con mayor influencia del valle del Jiloca y de la Hoya de Teruel. El límite ente uno y otro puede establecerse en la máxima convexidad del trazado del río, que coincide con el estrecho de los Alcamines, entre Galve y Villalba Alta. 

Hay dos elementos en los que se fundamenta esta división sociológica: la relación ganadería/agricultura en el sector primario y la relación hábitat disperso/hábitat concentrado en la distribución de los núcleos de población durante los últimos siglos. 


La agricultura y la ganadería han sido actividades económicas desarrolladas en todo el valle del Alfambra. Sin embargo, una y otra no han tenido el mismo peso en términos relativos en las diferentes localidades. En el Alto Alfambra la ganadería ha sido el sector más importante, por la calidad y la extensión de los pastos de las sierras de Gúdar y del Pobo, así como por la complementariedad que les ofrecía la trashumancia hacia las próximas tierras valencianas (el “Reino”). En el Bajo Alfambra, sin embargo, la agricultura tenido un peso mayor, tanto por gran superficie agrícola de secano como por la relativa representación del regadío. 

Por otro lado, al considerar el sistema de poblamiento humano del espacio, también se aprecian diferencias entre ambos territorios. En todo el valle del Alfambra la población ha vivido tanto en pueblos como en masías. En el sector oriental, el número de estas por cada término municipal es muy superior al que se observa en el sector occidental. Esto es resultado de la desigual influencia sociocultural e histórica de las sierras del Gúdar y del Maestrazgo, donde son muy comunes, en el primer caso, y de las tierras del Jiloca, donde son muy escasas, en el segundo caso. 


El Alto Alfambra se considera comprendido por los la práctica totalidad de los términos municipales de Gúdar, Allepuz, Jorcas, Ababuj, Aguilar del Alfambra, Camarillas, Galve y El Pobo, así como por una parte de los de Cedrillas, Monteagudo del Castillo y Alcalá de la Selva.

Este territorio alberga un patrimonio que es el resultado de una larga historia y de un tenaz esfuerzo por aprovechar los escasos recursos naturales con inteligencia. Un patrimonio formado por un conjunto de bienes materiales, por un conjunto de saberes y por unos paisajes como producto de esa interacción del ser humano en este medio físico. Y, unas gentes activas que trabajan por sus pueblos y su futuro. 


A todo ello, queremos dedicar este blog. A la Cultura y de la Naturaleza del Alto Alfambra.