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jueves, 8 de noviembre de 2018

EL CHOPO CABECERO COMO RECURSO ENERGÉTICO: USOS TRADICIONALES Y FUTURO DESEABLE


Desde finales de la Edad Media hasta el siglo XIX la economía de las Tierras Altas de Teruel se especializó en la producción de lana. Este producto era destinado tanto a la exportación como, sobre todo, a una industria textil autóctona que llegó a ser muy importante. 

Durante más de quinientos años miles y miles de ovejas llevan pastando los montes y valles de este sector de la cordillera Ibérica. Los bosques originales se transformaron en pastos y tierras de labor, mientras iba surgiendo un acuciante problema para sus gentes. Bueno, en realidad, dos. 

Lomas y rasos de La Sierra (Aguilar del Alfambra)
Por un lado, la necesidad de leña para su uso como combustible. Este problema no se resolvió. Tras la tala de los árboles se siguió con la de los arbustos. Enebros, guillomeras, aliagas y sabinas fueron aprovechados creando, con el tiempo, los paisajes deforestados que pueden verse en las fotos antiguas y que en las últimas décadas comienzan a recuperarse. 

Por otra parte, faltaba madera de obra para la construcción de edificios. La solución fue plantar chopos en las riberas y hacerlos cabeceros. El desmoche regular proporcionaba las necesarias vigas. El rebrote de los vástagos en la cabeza del árbol se producía lejos del acceso del diente del ganado que pacía en su entorno. Una inteligente solución para compatibilizar la ganadería extensiva y la producción forestal. Como complemento, las ramas menores obtenidas tras la escamonda servían como combustible en las glorias domésticas o en los hornos de tejerías o panaderías. 

Chopo cabecero recién podado en Los Collados (Aguilar del Alfambra)
Así, hasta el éxodo rural y la llegada de las vigas de hormigón. Desde entonces, buena parte de los chopos cabeceros fueron abandonados y los que seguían gestionándose lo eran para dedicar las ramas a su uso como combustible doméstico tras hacerlos tarugos. En la actualidad este es el único aprovechamiento económico. Es la única razón que mueve a los agricultores a realizar el desmoche, tan necesario para conservar a estos árboles, así como su valor ambiental y cultural. 

Eras de Jorcas
El uso de combustibles fósiles y la regresión demográfica en el medio rural hacen cada día menos necesaria la leña de chopo cabecero. Una amenaza más para su futuro. 

Mientras tanto, en un cambio de modelo, resurge la biomasa como una fuente energética posible. En un primer momento se consideró el empleo de las ramas de chopo cabecero como materia prima para la fabricación de pellet. No parece ser el camino pues las empresas prefieren el pino. El desmoche manual sobre el árbol requiere además mucha mano de obra y encarece el producto haciéndolo inviable la rentabilidad del pellet. 

Mientras tanto, ¿qué les está ocurriendo a los árboles trasmochos que jalonan las campiñas del centro y oeste de Europa? Antes de abordarlo hay que recordar las diferencias que nos separan. Por un lado, en estas sociedades se aprecian mucho más los valores ambientales y culturales de estos árboles. Por otro, son países con una alta densidad de población en el medio rural por lo que existe gran demanda de leña para uso doméstico en el entorno de estas arboledas. 

En estos países, cuando las ramas de los trasmochos no son muy gruesas y los árboles no muy altos, los propietarios se encaraman a la cabeza con su motosierra y lo desmochan. Las ramas son hechas tarugos con ayuda de la familia o de los vecinos que, entonces, se reparten la leña. 

Desmoche de sauces trasmochos en Flandes (Bélgica)
Cuando los árboles están en espacios públicos (márgenes de carreteras) o tienen grandes ramas cuyo desmoche manual es peligroso o caro se está implantando la mecanización

La tecnología avanza. 

Desmoche mecanizado con tractor oruga en Sare (País Vasco francés)
Sobre una máquina retroexcavadora de uso polivalente se puede instalar un cabezal dotado de grapas y motosierra que, a una altura variable, agarra y corta las ramas de los trasmochos, introduciéndolas después en una trituradora que produce astillas

Astilladora tratando ramas de árboles trasmochos en Sare (Francia)
Estos productos, tras su secado en un espacio cubierto, son utilizados como combustible en sistemas de calefacción de viviendas, granjas o edificios públicos. En algunos países como Francia, se está apostando abiertamente por el cultivo simultáneo de herbáceas y de árboles en una misma parcela, así como por la autonomía energética de las explotaciones agrarias aprovechando los recursos forestales. 

Ribera del Alfambra en Camarillas
Los chopos cabeceros del sur de Aragón constituyen una variante secular de agroforestalismo que tiene todo un futuro en un nuevo marco energético. Hay que encontrar la clave para activarlo.   

jueves, 12 de julio de 2018

LEÑA, ARQUITECTURA Y SANGRE. HISTORIA DEL CALOR DOMÉSTICO EN EL ALTO ALFAMBRA

En las antiguas casas de labradores procurarse combustible para caldearlas y atender a sus labores era una necesidad básica. En la era preindustrial la generación de calor en las frías sierras turolenses se lograba sobre todo consumiendo madera. El problema que se planteaba es que la producción de combustible competía con la agrícola y ganadera. La resolución a esta disyuntiva entre los siglos XIII y XIX no fue constante, pero tuvo un norte. El Alto Alfambra nos sirve de ejemplo para ilustrarlo.

La presencia de topónimos en la sierra del Pobo como Enebral, Bojares, Buj, el Bojar y el propio de Ababuj como lugar de bojes, apuntan a que en la fase de la conquista aragonesa y la subsiguiente repoblación parte de sus montes estarían cubiertos por este tipo de especies de bajo porte. 


En Gúdar abundaban unos pinares que también había en Miravete de la Sierra. Así, donde en la actualidad hay aliagares, en la documentación histórica se localizan partidas como “Carrapinar” y “barranco del Pinar”. En 1674, en el libro de matrículas de la Universidad de Zaragoza, se le cita como “Mirabete de los Pinares”. Sobre masas forestales como estas se inició y se moduló una secular presión a cargo de las comunidades locales en función de sus amplias competencias de gestión (concejos, Comunidad de aldeas de Teruel), del contexto (más o menos población) y de los incentivos (más demanda de bienes ganaderos o agrícolas). 


La obtención de madera era una de las piezas del puzzle productivo que había que encajar en el territorio con las de pastos y cultivos. Para crearlos y ampliarlos se recurrió al fuego. Así lo sugieren topónimos en el entorno de Orrios y Escorihuela como “cerro Quemado” o “Quemadal”, citados en la sentencia arbitral de 1558 entre la Comunidad de aldeas de Teruel y la Encomienda de Alfambra. Sin embargo, resultaron más decisivas las especializaciones binarias del suelo en función de sus aptitudes: agrícola-ganadera (barbechos, rastrojeras, ricios, etc.) y ganadera-forestal, que en las riberas inundables de ríos y barrancos contribuyó a la formación del emblemático paisaje del chopo cabecero.

La especialización en todo tipo de pastos en los que se daban aprovechamientos forestales fue la predominante por su extensión e incluía lejanos o enriscados fragmentos de los antiguos bosques a modo de reserva. El territorio estaba minuciosamente trabajado y el único que se destinaba a producir madera era como complemento del pasto o aquel que no era apto para otra cosa: zonas serranas abruptas en las lindes productivas de los términos y áreas inundables.


En estos espacios los vecinos de las aldeas “aleñaban”, lo que se concretaba en que cada casa tenía derecho a una determinada cantidad anual de leña de los montes del pueblo, o de lugares vecinos a los que pudieran acceder. Las familias se procuraban madera de especies como, por ejemplo, aliagas, bardas (matorrales silvestres), espinos y carrascas, como describe el Convenio de 1625 entre Jorcas y Miravete. Las ordenanzas de la Comunidad de aldeas de Teruel citan en sus sucesivas ediciones entre 1598 y 1725 pinos, carrascas, rebollos, sabinas, enebros y albares. También se aprovechaban erizos, como refleja la versión de 1776 del Dance de Aguilar: “Qué más quiero ir por Erizos, / allá a la Solana del Calvo, / a las Clapizas de Jorcas, / la Oya, y al Cerro Zinajo, que esto me trae buena cuenta / y se ganan guenos ochavos”. Fragmento este que, a su vez, muestra cómo la leña no era solo una cuestión de autoconsumo, sino que también podía servir para redondear los ingresos de una familia.

Una imagen de cómo era este trabajo de aleñar nos lo ofrece una concordia entre Miravete y Aguilar de 1569: “padres e hijos o asno y mozo que sean de una misma casa de dicho lugar de Aguilar puedan entrar a hacer leña verde y seca” de “cualesquiere género” tanto de “día y de noche en cualquiera tiempo” y “llevar dicha leña con sus acémilas y pasturar entre tanto hacen su leña”. Esta estampa es la que en 1742 transmitiría implícitamente el vecino de Aguilar Joseph Martín en una declaración testifical cuando afirmaba conocer el entorno de las partidas del Collado y la Canaleta al haber recogido leña en las mismas en numerosas ocasiones. Así pues, el aleñamiento de los montes por parte de los vecinos proveía de las fuentes de combustible más habituales mediante la corta de matorrales, de la recolecta de la madera muerta y de la poda de la viva de los árboles de las áreas de pastos y de los bosques de reserva. Fruto de esta actividad se derivan imágenes como la que reflejó un inventario de 1778 en una casa de Aguilar, donde uno de los primeros bienes que se inscribe es una carga de leña de pino en el patio de entrada.


En las dehesas fluviales de cabeceros los chopos también se podaban para obtener leña y vigas, y constituyeron otra importante fuente de madera para los hogares. Las ordenanzas de la Comunidad de aldeas de Teruel reflejan la práctica de la poda o escamonda de los árboles de ribera (“salzes, olmos, chopos y álamos”), o “infructuosos”, como los denomina, desde 1624, aunque reflejan una práctica mucho más antigua. Así, la normativa consideraba a uno de estos ejemplares como grande si se podía subir y tener un hombre. Esta imagen proyecta la peculiar morfología de los cabeceros, consistente en un tronco bajo y grueso coronado por una gran protuberancia callosa a la que hay que subirse para cortar la cosecha de largas ramas que brota en ella.

A mediados del siglo XVIII un vecino de Aguilar, como tantos otros, “podaba” sus árboles ribereños del Alfambra en la partida de la “Begatilla” y “se utilizaba de la leña en su casa”, mientras que otro de Camarillas, en su soto del azud de la Abeja, mandaba “cortar leñas y plantar diferentes árboles”. El patrimonio de las casas, al igual que constaba de bancales, huertos, cerradas de hierba y rebaños, incluía árboles con los que producir combustible. 


Además de podar todo tipo de árboles, cortar arbustos y recolectar madera muerta del suelo, también se talaban pies enteros, aunque esta era una modalidad mucho menos frecuente en el Alto Alfambra, y cuando se realizaba, consistiría más bien en la eliminación de árboles viejos cercanos a la muerte o en entresacas para permitir el nacimiento de nuevos ejemplares.

La tala de montes enteros, los denominados “tajadales”, era una práctica más propia de zonas más húmedas como la sierra de Gúdar, cuya madera se aprovechaba para consumir directamente o hacer carbón vegetal. Desde 1684 la Comunidad de aldeas ordenaba que un bosque talado debía cerrarse al ganado durante cinco años para que los árboles pudieran rechitar o rebrotar.


Al igual que había años de malas cosechas o en los que los rendimientos de los pastos eran más pobres, no siempre las fuentes de provisión de leña eran suficientes. Las carencias de combustible daban lugar a transgresiones de las reglamentaciones forestales y a conflictos entre pueblos y jurisdicciones vecinas. Existen ejemplos desde antiguo. En 1297 se llegaba a un acuerdo años después de que el comendador de la bailía de Aliaga se quejara en Aguilar a las autoridades turolenses de que “algunos malos ommes” de las aldeas de Teruel “peyndraban et ropavan injustament” en sus montes. En 1459 el concejo de las Cuevas del Rocín (la actual Cobatillas) arrendó todos sus montes y herbajes a Andrés Martín de Mezquita con la condición de que fuera su guarda para evitar que fueran talados. En 1477 el concejo de Camarillas relataba a los procuradores de la Comunidad de aldeas el conflicto que tenía por el arriendo de los herbajes y leños del “condado de Aliaga”. 


Este tipo de diferencias se solucionaban mediante el mancomunamiento de aprovechamientos, además de una regulación de la explotación forestal que básicamente perduró hasta muy entrado el siglo XIX. Estos convenios profundizaban en la especialización de producciones del suelo. En este sentido, la mencionada Concordia de 1569 entre Miravete y Aguilar después de que “haya habido entre dichas vecindades pleitos y largos gastos” es un ejemplo que iba más allá de lo habitual. Los primeros autorizaron a los aguilaranos a aleñar una parte de sus montes a cambio de que ellos les permitieran acceder a sus pastos comunales. Intercambio de especializaciones. Por otra parte, la profundización en la especialización de los suelos es la que consolidaría a las riberas guarnecidas con sargas y chopos cabeceros como una de las fuentes más reseñables de madera.

La leña que se obtenía por todos los medios descritos se consumía en las chimeneas de las cocinas, el lugar en el que las familias cocinaban, comían, se reunían, charraban, cantaban, jugaban... Bajo la realda del hogar el fuego caldeaba la estancia y el calivo o ascuas se aprovechaba en braseros fijos o portátiles con los que se calentaban las sábanas antes de acostarse. No fue hasta fechas posteriores en que se introdujeron las estufas o salamandras, sistemas de calefacción más eficientes, dado que las chimeneas pierden gran parte del calor por el tiro. Entonces, ¿cómo se lograba calentar una casa? Es aquí donde la arquitectura y la sangre, como también se llamaba al ganado, asistían al combustible.


El primer factor que favorecía el caldeamiento era la localización y la orientación de los pueblos, con las fachadas principales de las viviendas casi siempre mirando hacia al sur y, a ser posible, en laderas, protegidos del cierzo del norte al reser de cerros, cabezos, muelas, cingleras, etc. Las edificaciones en pendiente ofrecían la ventaja de reducir la fachada norte, la más fría, y aprovechar el efecto aislante del suelo.

Aunque las casas experimentaron grandes cambios a lo largo de los siglos, hubo elementos constantes, como la integración de la actividad productiva de la familia en el “diseño energético” de la vivienda y el uso de unos materiales constructivos capaces de mantener prolongadamente la temperatura: muros dobles de piedra con hueco relleno de tierra, tabiquería de aljez (yeso) y las cubiertas de madera y teja, que desplazó a las vegetales. A su vez, los vanos para las ventanas eran pocos, pequeños y con unos cerramientos de madera que permitían abrirlos totalmente o solo en parte; hay que tener en cuenta que el vidrio no fue de uso común hasta tiempos relativamente recientes. De este modo, si bien se creaban unas buenas condiciones para retener el calor, era a costa de la iluminación y de la ventilación.



En los siglos medievales las casas se construían en solares no especialmente grandes, con una escasísima compartimentación interna y lo más habitual es que tuvieran una única planta en la que dormían juntas las personas, se guardaban los animales y se encontraba la cocina. Al estar en espacios contiguos el diseño contribuía a preservar el calor. A su vez, el almacenamiento del grano, paja y hierbas bajo el tejado o en otros cuartos servía de aislante. 


A partir de los siglos XV y XVI los solares de las viviendas empezaron a ser más grandes y fue progresando la edificación de casas compartimentadas en dormitorios (de la mano de prevenciones de orden moral y de la extensión de conceptos de intimidad), con varios forjados y mayor altura, lo que supuso un reto “energético”. 


La cocina, con su fuego a tierra y en la planta baja, mantuvo la centralidad. Los dormitorios se distribuían entre la planta baja y la primera, y se subdividían en pequeñas alcobas buscando el interior de las casas. Se alejaban de las fachadas más expuestas o se disponían sobre la cocina (caldeada con su fuego) y la cuadra (“la gloria”, con el calor de los animales). Por otra parte, el techo de las alcobas podía rebajarse respecto del forjado con un falso techo de cañizo y aljez para facilitar su caldeamiento, a la vez que los graneros y trojes de hierbas siguieron teniendo una función aislante al ubicarse en la falsa (bajo la cubierta y sobre las habitaciones) o tras las fachadas más frías. 


Todas estas soluciones hicieron habitables las viejas casas de labranza desde un punto de vista térmico, por lo que, en definitiva, el calor doméstico dependía del fuego y su leña, de los animales y de la arquitectura, aunque de forma más literaria podríamos afirmar que esta historia energética era, simplemente, la de un territorio y unas casas vividas.

Ivo Aragón Ínigo (texto) y Chusé Lois Paricio (fotos)
Aguilar del Alfambra

Este artículo es una versión ampliada del publicado en el Diario de Teruel de la serie “Modelos energéticos para Teruel” realizado por el Colectivo Sollavientos

domingo, 8 de julio de 2018

POR EL ALTO ALFAMBRA

La cita comenzaba allá donde colindan las comarcas del Maestrazgo, Gudar-Javalambre y Comunidad de Teruel. Esto ya de por sí es un gran aliciente, nombres de mucho peso para todos los amantes de los paisajes montañeses con grandes dosis de autenticidad. Pero la cosa mejora y gana enteros cuando sabemos que nuestro guía sería el responsable de poner en marcha el Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra. 

Con él tuve la suerte de toparme allá por febrero de este mismo año, cuando la gestión del parque por un lado, y la búsqueda de nuevas e interesantes rutas por otro nos llevaron al mismo punto geográfico en el mismo momento. ¿Cita forzada? Quizás si… pero obligada también. Y es que cuando gestionas una empresa de turismo, enfocada en el turismo sostenible, y cuya base es el amor por nuestro territorio y el deseo de su conservación por los siglos de los siglos, acabar encontrándote con Chabier de Jaime es parte del guión. 


Así pues, nuestro primer viaje con clientes al Maestrazgo (viaje de 3 días y 2 noches donde queríamos mostrarles no sólo lo más conocido, sino también grandes dosis de aquello menos conocido pero que a buen seguro no iba a defraudar) comenzaría con la visita al Alto Alfambra.

Reconozco que nuestros clientes esperaban algo grande de Cantavieja, Mirambel o La Iglesuela del Cid, pero quizás el Alto Alfambra era menos conocido para ellos, y sus expectativas estaban ahí, a la expectativa. 


Bajamos del microbús en nuestro punto de encuentro, y en pocos minutos comenzaron a maravillarse con los detalles… El trinar de los pájaros, el escaso tráfico de la carretera que pasaba junto a nosotros, el paisaje salpicado por cultivos, monte bajo, bosque de ribera y ganadería extensiva… Y así, un sinfín de pequeños detalles que empiezan a cautivar poco a poco a un público prácticamente urbanita pero con un gran amor por el medio rural. 

Enseguida llegaría Chabier, y con él la pregunta obligada de ¿cuántos habéis estado ya por estos lares? La respuesta era a buen seguro la esperada, apenas conocían, o conocían a muy grandes rasgos dónde estábamos ubicados, pero sin apenas detalle. 


Nuestra ruta comenzaría con el Camino de los Pilones. Allí, en aquellas inmensas llanuras que nos invitan a acariciar el cielo con nuestras manos, y en las que se respira una tranquilidad inmensa, entendimos rápidamente que no siempre fue así, que si aquellos pilones estratégicamente ordenados existen, es a buen seguro porque hace ahora unos 300 años era una de las principales vías de unión entre estas comarcas turolenses y el levante peninsular. Posiblemente una de las obras más importantes de la época en lo que a ingeniería de caminos se refiere. 

Bien, la visita empieza ganar calidad en tanto en cuanto las explicaciones de nuestro acompañante van sucediéndose. Y la sensación de no saber muy bien en qué territorio nos encontramos se va tornando hacia un sentimiento de estar paseando por un territorio cargado de historia. 


De allí moveríamos al valle de Sollavientos. Llaman la atención las masías, y muchas son las preguntas que nos vienen a la cabeza. Entre masía y masía vemos y disfrutamos de esas imágenes de ganadería extensiva todavía viva, todavía rentable, todavía posible.


Haremos una nueva parada en la ermita de Santa Isabel, imagen icónica de este hermoso valle, y lugar ideal para continuar con nuevas explicaciones. En esta ocasión sobre la ganadería local, y el porqué del chopo cabecero. ¡Cuánta lógica hay detrás de cada elemento paisajístico! 


El entender el porqué del Camino de los Pilones, el escuchar la razón de ser del Chopo Cabecero, hacen que nuestros visitantes disfruten infinitamente más del paisaje que aquellos otros que pasean por estos mismos lugares sin conocer bien el porqué de las cosas. 


De una u otra forma, hace entender mucho mejor qué fue en su día estas sierras turolenses, y el cómo el ritmo atroz de la Europa posterior a la revolución industrial les ha afectado. 


Por último subiríamos hasta el puerto de Valdelinares, situado a más de 1.800 m de altitud. Esto nos sirve también para darnos cuenta de otro factor característico de estas tierras, el hecho de encontrarnos en todo momento entre los 1.000 y los 2.000 mts no deja de llamarnos la atención. En todo momento, y siendo un público que el que más y el que menos ha andado largas jornadas de senderismo, hace que la comparativa con los Pirineos sea inevitable. Muchas similitudes, muchas diferencias. Hablamos de un paisaje muy elevado, pero sin grandes elevaciones. Quizás ahí radica la principal diferencia con los Pirineos, cuyo paisaje se basa en las grandes elevaciones, aunque sus pueblos han sido construidos en valles difícilmente por encima de los 1.000 mts. 

Acabamos la jornada con una comida de grupo en Allepuz, allí disfrutamos, y escuchamos en repetidas ocasiones frases de satisfacción máxima sobre la visita del día en el Alto Alfambra, el haber conocido de primera mano ...


la historia que encierran los chopos cabeceros, y sus vínculos con el ser humano, y el saber que hoy en día puede que el GPS nos deje de funcionar, pero a buen seguro sabríamos llegar siguiendo los pilones hasta Villarroya de los Pinares sin temor a perdernos.

Carlos Díaz 

miércoles, 21 de febrero de 2018

ARBOLEDA SINGULAR "RIBERA DE CHOPO CABECERO"

En 2015, el Gobierno de Aragón, mediante la Ley 6/214 de Espacios Naturales Protegidos de Aragón y el Decreto 27/2015 reguló el Catálogo de árboles y arboledas singulares de Aragón. En el mismo se entiende por arboledas "aquellos conjuntos de árboles de reducida extensión como bosquetes, alineaciones o rodales" y establece que la selección de las arboledas para su declaración como singulares e inclusión en el Catálogo se realizará mediante criterios objetivos que, entre otros aspectos, evalúen la singularidad del ejemplar en el conjunto de los existentes en Aragón.

Previamente a la creación del Catálogo, el Gobierno de Aragón realizó un inventario de árboles y arboledas sobresalientes susceptibles de ser incluidos en el mismo. Es un inventario abierto, pues es susceptible de incorporar masas forestales a propuesta de la propia Administración, de asociaciones o de particulares. En concreto, en lo que concierne a las arboledas, para el conjunto de Aragón se han inventariado cuarenta y seis masas forestales notables, de las que siete se encuentran en la provincia de Teruel.

En la actualidad, el Gobierno de Aragón ha declarado tres arboledas singulares. La primera de ella, en noviembre del año pasado, fue el "Pinar de Pino Moro" de Valdelinares. En la sierra de Gúdar, pino moro es la denominación popular de lo que los especialistas llaman pino negro y que tiene como nombre científico Pinus uncinata.     

El pasado 11 de enero, se publicó la declaración del "Pinar de pino salgareño" en el término municipal de Luesia (Cinco Villas) con una superficie de 15,70 hectáreas de una masa de Pinus nigra subsp. salzmanii). 


El pasado viernes 9 de febrero, el BOA publicó la declaración de la Orden DRS/165/2018 por la que se procede a la declaración de la arboleda singular de Aragón denominada “Ribera de Chopo Cabecero” en el río Alfambra y su afluente el barranco del Regajo a su paso por los términos municipales de Ababuj, Jorcas y Aguilar del Alfambra. En concreto supone una superficie de 51,54 hectáreas y una longitud que supera los 12,2 km.


El Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad del Gobierno de Aragón considera que las arboledas de chopo cabecero constituyen un paisaje característico configurado a partir de un árbol "singular" y merecen una salvaguarda legal. Es el resultado de una gestión tradicional basada en las podas periódicas de la totalidad de sus ramas (desmoche o escamonda) para la producción de vigas para las construcciones rurales, leña y forraje en las tierras altas y deforestadas del sur de Aragón. Estos ejemplares, en muchos casos centenarios, forman dehesas fluviales aprovechadas con el pastoreo extensivo en los cauces de los ríos de la cordillera Ibérica, especialmente en el Pancrudo, Aguasvivas, Guadalope, Jiloca, Martín, Huerva y Alfambra. 


El Consejo de Protección de la Naturaleza de Aragón (CPNA), órgano  colegiado, consultivo y de participación en materia de protección de la naturaleza, fue consultado por el Gobierno de Aragón, sobre la declaración de la citada arboleda singular. El CPNA informó favorablemente dicha propuesta considerando en su dictamen que las formaciones de chopo cabecero ligadas a las riberas de muchos ríos turolenses y de la cordillera ibérica Zaragozana constituyen un patrimonio natural vinculado a las actividades agropecuarias de enorme valor, cultural, paisajístico y ambiental. En este sentido la declaración de una arboleda singular en un tramo considerable del río Alfambra y tributarios se considera acertada y necesaria. Añadiendo, igualmente, que hay que resaltar el valor educativo de la propuesta como otro elemento positivo a tener en cuenta.


Tras la exposición a información pública fueron presentadas alegaciones solicitándose la ampliación de la superficie declarada arboleda como singular, el incremento del importe previsto de inversión en la propuesta inicial y la integración del sendero fluvial existente con la propuesta de la creación de creación de un sendero interpretativo habiendo estimado algunas de ellas el citado Departamento . Y por la Confederación Hidrográfica del Júcar, estimándose igualmente con la matización de que las actuaciones de mantenimiento, restauración de cauces y gestión de recursos hídricos promovidos por dicho organismo de cuenca, sean siempre compatibles con el mantenimiento y persistencia de la arboleda y de los valores que motivaron su declaración.


En el citado decreto, se indica que la Ribera de chopo cabecero de las riberas del río Alfambra y barranco del Regajo corresponde a la asociación vegetal Salici neotrichae-Populetum nigrae, al hábitat de la directiva "Bosques de galería de Salix alba y Populus alba" siendo la especie arbórea dominante el chopo negro (Populus nigra), una masa de formación regular, de una altura veinte metros en la especie dominante, tratándose de una especie autóctona aunque su origen sea antrópico. Aplicando la metodología que usa la Dirección General de Sostenibilidad para determinar el grado de madurez de un rodal forestal se considera que la citada arboleda tiene tendencia a la madurez. y aplicando el índice de singularidad empleado por dicho organismo se deriva que se trata de la mejor representación de un modelo de aprovechamiento del chopo, dentro de una economía agrícola de autosuficiencia, mediante un uso agroforestal de los márgenes de los campos con acequias, barrancos y, más comúnmente, junto a los ríos.


La citada Orden establece la necesidad de desarrollar un plan de gestión, encaminado a garantizar el mantenimiento de los trasmochos de los chopos cabeceros, para evitar su desaparición como ya ha ocurrido en diversos puntos de la cordillera Ibérica. Se indica que desde las distintas administraciones se fomentará la ejecución de trasmochos por parte de los particulares que puedan estar interesados en obtener los productos que de estas actuaciones se derivan. Asimismo, se fomentarán acuerdos de custodia de acuerdo con lo previsto en el citado Decreto 27/2015, del Gobierno de Aragón, por el que se regular el Catálogo de árboles y arboledas singulares de Aragón. Las administraciones implicadas, Confederación Hidrográfica del Júcar (gestor de las riberas), Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad (gestor de los montes y bosques) y Ayuntamientos, deben intervenir activamente y retomar el régimen de escamonda de los chopos que se encuentren en terrenos de sus respectivas titularidades, así como establecer incentivos para los agricultores propietarios de estos chopos mediante medidas agroambientales por sus valores ecológicos y paisajísticos. 


Se añade que cualquier actuación o inversión que se realice en la arboleda deberá tener en cuenta su declaración como arboleda singular y ser justificada su necesidad y compatibilidad con la persistencia de la misma, debiendo asimismo contar con un informe favorable emitido por la Dirección General que ostente en cada momento la competencia en materia de árboles y arboledas singulares, sin perjuicio de otras autorizaciones medioambientales que correspondan a otros organismos.


La Arboleda Singular "Ribera de chopo cabecero" de Ababuj, Aguilar del Alfambra y Jorcas coincide con los objetivos del Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra. Los departamentos de Desarrollo Rural y Sostenibilidad y de Educación, Cultura y Deporte ya se están coordinando para mejorar la gestión de este espacio natural y cultural aprovechando del mejor modo los recursos existentes.