lunes, 6 de noviembre de 2017

DISFRUTA DEL COLOR DEL OTOÑO EN EL ALTO ALFAMBRA

Ha sido un inicio de otoño bastante anómalo. Seco y cálido. No ha sido uno de aquellos otoños de días grises, de tierra mojada, de noches frías  ... 

Los árboles de la ribera del Alfambra han llegado agotados al final de la temporada. En un año de precipitaciones otoñales medias, el río recuperaba el caudal tras el estiaje y refrescaba la ribera. Este otoño, por contra, el cauce sigue seco y los árboles del soto continúan recurriendo a la escasa agua que circula entre las gravas y arenas del fondo del valle. A estas alturas, los chopos están perdiendo las hojas sin conseguir ese tono amarillo vivo que les resulta característico. Muchas de ellas, muestran avanzados ataques de hongos. Otras, tan pronto caen al suelo, se secan perdiendo el color amarillo.

La lluvia de este fin de semana ha refrescado el aire y nos ha traído el otoño que deseábamos. 


El viernes recorrimos el Paseo Fluvial Río Alfambra, el sendero que une Jorcas y Galve, pasando por Aguilar del Alfambra. Este sendero de Pequeño Recorrido (PR TE-51) sigue primero el barranco del Regajo y, tras su unión con el río Alfambra, la ribera hasta Aguilar. Coincide con la futura Arboleda Singular "Ribera de Chopo Cabecero del Alfambra" propuesta por el Departamento de Desarrollo rural y Sostenibilidad del Gobierno de Aragón.


Este paseo nos permitió disfrutar de una alfombra continua formada por las hojas del chopo o álamo negro (Populus nigra) que tapizan el sendero ...


Una alfombra amarilla de más de 8 kilómetros de larga. Una alfombra tan solo interrumpida por las de hojas rojas del álamo cano (Populus canescens) en aquellos escasos parajes en los que este árbol hace su presencia ...


o las de los sauces (Salix alba), aquí conocidos como sargas blancas, como ocurre en el barranco del Regajo donde abundan unos viejos y robustos sauces trasmochos. Al igual que los chopos, no consiguen el amarillo de otros años ...


mientras que, aguas abajo del Molino de Ababuj, en el paraje del sargal predominan las sargas (Salix purpurea), pioneras de la colonización de las gravas ...


En los márgenes de la ribera, intentando colonizar los vecinos campos, prosperan las vizcoderas, también conocida como manzanicas de pastor (Crataegus monogyna) cuyas hojas están plenamente afectadas por los hongos, que parecen percibir la debilidad de la planta ...


Este espino se acompaña por la galabardera (Rosa canina) aunque no prospera como aquel en estos terrenos frescos y sombreados ...


Otro elemento de la orla espinosa es el endrinero (Prunus spinosa) ...


... este año escaso en frutos, por las intensas heladas de abril. Otro año sin pacharán.

O el redondillo (Ribes alpinum) ...


también dependiente del sombreado del bosque. En este caso del soto fluvial.

Otro arbusto caducifolio propio de esta banda cerrada de matas altas es el aligustre (Ligustrum vulgare) ...


cargado de frutos, este sí.

El cornejo (Cornus sanguinea), también propio de estos ambientes, vira el color de la hoja del verde al rojizo ...


tal como advierte su nombre específico.

La mentironera (Viburnum lantana) es un arbusto caducifolio propio de los rebollares y pinares pero que también se interna en el soto, bajo la sombra de los sauces y los chopos ...


Enreligando espinos y otros arbustos prosperan las madreselvas (Lonicera xylosteum)....


En el entorno de los huertos y cerca de los edificios, siempre sobre suelo húmedo y bien femado, crece la sabuquera (Sambucus nigra) ...


Endrineras, vizcoderos y galabarderas son plantas leñosas de la familia de las Rosáceas. Esta familia tiene muchas plantas de hoja caduca que viran el color de la hoja de verde a amarillo (o rojizo, según casos) antes de caer. Incluso alberga algunas herbáceas que también tienen esta propiedad, como Agrimonia eupatoria ...


... que crece en los ribazos de suelo fresco y arcilloso.

Ya son escasos, pero aún quedan viejos frutales en los linderos de algunos campos. La noguera (Juglans regia) ...


el manzano (Malus domestica) ...


o el cerezo (Prunus avium


... salpican aquí y allá. 

El ciruelo (Prunus domestica), por su facilidad para producir rechizos, forma setos cerrados en los ribazos cercanos a las acequias ...


Mientras que en algún ribazo perdido aguanta el azarollo (Sorbus domestica) ...


Cuando el suelo se hace cantera, encuentran su terreno dos matas de hoja caduca que tiñen de rojo el gris blanquecino de la caliza. Una es la villomera (Amelanchier ovalis) ...


y el otro es el agrillo (Berberis hispanica) ...


Verdes, amarillos, rojizos ... los últimos colores de la temporada que se va. El último lujo del bosque antes de que caiga la hoja. Antes de que caiga el largo invierno. 


¡Vente al Alto Alfambra a disfrutar de los últimos días de otoño!  

miércoles, 1 de noviembre de 2017

EL RÍO SECO BAJO LA NIEBLA, UN LARGO ESTUARIO DE MAR ADENTRO

Un estuario es la desembocadura de un río amplio y profundo en un océano sometido a corrientes marinas que retiran los sedimentos aportados por aquel. En su seno se produce la mezcla de las aguas fluviales y marinas creando ambientes de salinidad intermedia. Al estar afectados por las mareas, en condiciones de bajamar quedan al descubierto marismas, unos ecosistemas muy productivos.

El río Seco tiene un valle de una notable amplitud (hasta 9 km). Su profundidad no supera los 450 m. en relación con los relieves de la sierra del Pobo. Estando tierra adentro y no desembocando en ningún océano, sino en el río Alfambra, ¿por qué hablar de un estuario?

Esa fue la impresión que nos dio la mañana del pasado 8 de octubre circulando por la carretera, entre Allepuz y Monteagudo del  Castillo, al pasar bajo el cerro de San Cristóbal. Un densa niebla se extendía por el fondo del valle del río Seco. Desde lejos recordaba esos largos estuarios que caracterizan las costas occidentales de Escocia o de Irlanda.


Un estuario que inundaba el pueblo de El Pobo y que se internaba hasta la cabecera del valle, más allá del núcleo urbano de Monteagudo del Castillo, erguido sobre el cerro a modo de promontorio.


No era un estuario. Era una niebla de valle. Una niebla de irradiación formada por el brusco enfriamiento de aquella calmada noche que provocó el descenso del aire frío desde las cercanas sierras de Gúdar y del Pobo hacia el fondo del valle del río Seco. Una niebla que se disipó con los primeros rayos de sol. 

Una niebla que, una vez más, nos hizo soñar con el mar. Tan cercano.

domingo, 29 de octubre de 2017

IX FIESTA DEL CHOPO CABECERO. UNA CRÓNICA EN VERSO HOMENAJE A GLORIA FUERTES

El pasado 21 de octubre se celebró en las localidades de Allepuz y Jorcas la IX Fiesta del Chopo Cabecero. A modo de crónica y en forma de poema, Pilar Sarto nos ha enviado esta poesía que también quiere ser un homenaje a Gloria Fuertes en el centenario de su nacimiento al que se acompaña con fotografías de Rosa Pérez:


Novena fiesta del chopo, 
¿dónde nos juntamos, tú?
La comida será en Jorcas,
la excursión en Allepuz.

Nos sale un día de encargo 
el veintiuno de octubre, 
nos juntamos mucha gente, 
los imprevistos se cubren. 


Chabier explica la marcha 
de los chopos cabeceros, 
dónde será la escamonda 
y por dónde irá el paseo.



El río Alfambra nos marca
el camino a recorrer
hasta el Mas de las Pupilas
para poderlo ver bien.


El otoño está precioso,
es muy bonito el paseo, 
nos dicen cómo vivían
y nos vamos de “bureo”. 


Este chopo tan grandioso
estaba un tanto solico,
le han salido “muchas ramas”
y se ha quedáo contentico.


Allí escamonda dos chopos
¡Don Herminio Santafé!
Y algunos le convencen
pa que rodajas les dé. 


Con las rodajas en mano, 
hacia Jorcas nos marchamos, 
José Azul y sus hierricos 
y luego ya nos sentamos. 
  


Vemos las fotos de chopos
de una buena exposición
Uge y Carlos nos explican
que no tienen fotoshop.


Ya hace un poco de hambre,
nos ponemos a comer, 
¿Cuál será el menú sorpresa
que nos va a sorprender?


Migas con huevo primero, 
costillica de segundo,
un buen pastel de manzana
¡y le llega a todo el mundo!


De recuerdo de este día, 
nos llevamos un vasico, 
y unas buenas sensaciones
de este día tan majico. 


Y para postre especial
todos cantamos el SOMOS,
¡José Antonio Labordeta
ha comido con nosotros!.


Desde las brumas inglesas
Rob McBride nos ha venido
y con el premio del chopo
muy contento se habrá ido. 


Dice que cuando conoces
bajo un árbol a un amigo,
es para toda la vida
¡y todos somos testigos!


Por la noche en Allepuz
¡estupendo festival!,
la novedad de este año:
la juventud musical.


La décima está en la puerta, 
ya nos podemos poner
a preparar esa fiesta
¡tremenda tiene que ser! 


Y colorín colorado, 
con los versos y la voz,
Homenaje a Gloria Fuertes,
se termina la función.

Pilar Sarto (poema) y Rosa Pérez (fotografías)

viernes, 20 de octubre de 2017

TRUCHAS EN LA POZA. ESPERANDO LA LLUVIA

Diez de octubre. Paseo por la ribera del río Alfambra a su paso por Allepuz. Estamos preparando la ruta a recorrer en la IX Fiesta del Chopo Cabecero en un mañana soleada y cálida. En esta zona el río lleva un caudal escaso, muy escaso. Un hilo de agua, más propio de un arroyo que de un río, conecta una serie de pozas .


Las gravas acumuladas en algunas de las últimas crecidas dificultan el paso del agua que las cruza formando un pequeño rápido. 


Y, al tiempo, hacen de presa facilitando la formación de una tabla en la que el agua corre con dificultad y se acumulan las hojas recién caídas de los vecinos árboles ... 


La clásica alternancia rápido-tabla que caracteriza a los ríos mediterráneos de montaña.

Unas lavanderas cascadeñas se acercan a una de las pozas. Yo también. Me fijo y observo movimiento bajo el agua que se traduce en forma de ondas en la superficie. Aquí hay alguien. 


Y, vaya que sí. Decidido y ajeno a mi presencia, asciende un pez a superficie ....


Al poco, asoma fuera del agua la cabeza de una pequeña trucha ...


... supongo que para cazar alguno de los numerosos mosquitillos que sobrevuelan la poza. O eso pienso yo.

El Alfambra es un río de montaña. Pero de la montaña mediterránea. Es un río cuyos caudales sufren importantes oscilaciones de caudal, consecuencia del régimen pluviométrico que caracteriza a este sector de la cordillera Ibérica. 

En la cabecera, siendo las mayores para el conjunto de la cuenca, las precipitaciones son igualmente escasas. El promedio anual es de 550 L/m2. Muy escasas para la notable altitud de la zona (1500-2000 m). Las masas de aire húmedo que entran desde el cercano mar Mediterráneo y remontan la rampa del Maestrazgo y de la sierra de Gúdar, descargan -si lo hacen- al ascender. Cuando superan las montañas y el aire desciende hacia el valle del Alfambra (Alto o Bajo), se calienta y se evapora buena parte del agua de las nubes, pudiendo disiparse. Vamos, que llueve menos. 

Por otra parte, las precipitaciones además de escasas son irregulares, tanto en su estacionalidad como, sobre todo, en su comportamiento interanual. Son comunes los años de sequía, pero también los años con precipitaciones más generosas. El máximo es primaveral, pero también destaca el otoñal y el verano, cuando no son raras las tormentas. 

En cuanto a su comportamiento hidrológico, resalta el escaso caudal del Alfambra para la superficie de su cuenca hidrográfica. En Villalba Alta el módulo anual de 0,92 m3/s equivalente a una aportación media anual de 29,4 hm3. La irregularidad interanual es notable. En Villalba Alta oscila entre 0,20 m3/s y 2,21 m3/s (serie de 52 años). El régimen fluvial tiene aguas altas entre enero y junio con máximo primaveral. El mínimo estival es muy marcado, siendo habitual en los últimos años que en julio y agosto solo exista flujo superficial tras las tormentas. Es decir, el Alfambra se muestra como un río-rambla mediterráneo. En ocasiones, en episodios de crecida, el caudal medio anual puede multiplicarse por más de 50 debiéndose a tormentas locales de fuerte intensidad, por lo que tienen un carácter torrencial siendo muy breves.

En la localidad de Gúdar, las precipitaciones de los últimos doce meses (484,2 L/m2) han sido claramente inferiores a la media (654 L/m2). Una cuarta parte menos de lo habitual. 

Las precipitaciones de Gúdar pueden explicar muy bien el comportamiento hidrológico del río Alfambra a su paso por Allepuz. Y, por tanto, las vicisitudes de las truchas de nuestra poza. Agosto fue un mes inusualmente lluvioso y no por su torrencialidad, precisamente. Sin embargo, septiembre y lo que llevamos de octubre ha sido periodo seco. Poco más de veinte litros en cuarenta días. Este septiembre ha sido de los que "secan las fuentes".

Las truchas, por que era una única sino al menos tres, se encontraba en una poza situada a la salida de un pequeño rápido. En los rabiones, el agua de los ríos se airea más fácilmente aumentando la concentración de oxígeno. Algo que para las truchas es muy importante.


Las truchas del Alfambra están bien adaptadas a la sequedad estival y al estiaje del río. Deben conocer muy bien cuáles son las pozas más profundas, las que reciben un caudal subálveo, las que ofrecen más seguridad ante los depredadores.

Desconocemos la genética de estas poblaciones. Afectada antaño por la suelta de alevines de truchas de variedades alóctonas. Esta práctica fue abandonada por el deseo de evitar la introgresión genética con las poblaciones locales. Años después fue sustituida por la suelta de alevines de la cuenca del Guadalaviar obtenidos en piscifactoría y, en paralelo, protegida mediante la creación de un coto de pesca sin muerte.

Estas truchas tienen un gran mérito de sobrevivir en este río.


Las décadas lluviosas, y las grandes truchas del Alfambra, han quedado retenidas en la memoria de
nuestros mayores por sus gestas de pescar a mano o con trasmallo. No sabemos si volverán. De momento, hay que reconocerles el mérito a las actuales de sobrevivir en un medio difícil.

Y, esperar a que llueva. No tanto por que se extinga la población, pues tienen conexión en Teruel con las del río Guadalaviar (que también lleva caudales muy escasos). Más bien pensando en el futuro de aquellas tres pequeñas truchas de la poza de Allepuz.